Cuando el ser humano formaba parte de la dieta

Hablamos de canibalismo. Si, esa palabra que te hace sentir extraño cuando, que los paleontólogos vuelven a descubrir en el inicio de los tiempos y que hasta no hace mucho era una práctica social en grupos de Papua Nueva Guinea, según nos cuentan, fundamentándose en la extensión del kuru, una enfermedad priónicaNo existe una evidencia científica clave de este comportamiento social, eliminando los casos de locura o de situaciones extremas que conducen a esta práctica por una cuestión supervivencia. Los registros fósiles parece que confirman que el ser humano durante un pasado lejano (y muchos relatos durante un pasado próximo) utilizaba el canibalismo como una parte de su dieta, como ritual, como expresión de la subyugación de otros grupos o como solución en épocas de hambre extrema.

Existen evidencias de hace unos 800.000 años, en Atapuerca, en Orce, en los movimientos migratorios desde África de los primeros homínidos conocidos, pero es difícil saber si se trata de un medio de sustento ordinario, o bien, si es un ritual. En 1976, en Atapuerca, se descubrieron restos muy fragmentados que fueron considerados una evidencia de canibalismo, esa evidencia, se sustentaba en unas marcas o estrías características en el hueso, las cuales también estaban presentes en restos desechados de herbívoros después de haber sido consumidos, con claras evidencias de que habían sido machacados con el fin de extraer la médula, considerada una fuente de proteínas.

Una explicación podría basarse en que era una época de falta de alimento, pero la presencia de restos de animales inclina a muchos investigadores a pensar en la humanización de la dieta.

En épocas más recientes, especialmente antes de la expansión Europea, se decía que el canibalismo era practicado por grupos humanos con distintos fines, nunca de forma habitual. La forma más “idílica” se referiría a la captura y muerte de un guerrero del grupo contrario que era consumido por dos motivos: primero como venganza (que concluía con un destino dramático y temido), y segundo, como una forma de hacerse con las cualidades del guerrero o del grupo social al que pertenecía.

También existe en endocanibalismo, muy arraigado como una práctica ritualista de la muerte, que no necesariamente tiene que tener el sentido de ingestión directa de la carne, por ejemplo, es conocido que ciertos grupos en Sudamérica incineraban a sus seres queridos, cuyos restos una vez transformados en polvo, eran consumidos en forma de sopa o bebida repartiéndose entre familiares y amigos en un claro propósito simbólico y ritual.

Sin embargo, siempre hay otras formas de interpretar los hallazgos de fósiles. Muchos investigadores piensan que la aparición de restos desmembrados no deben de ser interpretados desde un sentido de consumo literal, es posible dentro de un contexto razonable que estas prácticas tuvieran un fin intimidatorio y que sencillamente aquellos restos hubieran sido deshechados después del rito. Los restos de huesos machacados con el fin de obtener la médula podían tener otros fines, por ejemplo, la grasa ser utilizada en ritos o como combustible.

La creencia de la existencia del canibalismo en grupos aislados durante la expansión europea fue rápidamente difundida por cuentos y leyendas debida a la actitud social del siglo XIX frente a la exploración de nuevos territorios. Esta visión de la gente “primitiva” permitía consolidar el concepto de moralidad de la época y, sobre todo, de sociedad avanzada. Esto permitió la expansión de colonos que suponían que aquellos individuos que encontraban eran caníbales, con Biblias y armas de fuego subrogaron a aquellas gentes, mayoritariamente ajenas a estas prácticas reforzando el mito de la práctica del canibalismo.

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