En los Brazos de Morfeo

Francisco Teixidó Gómez

Durante siglos el opio ha sido punto de referencia debido a su capacidad para reducir el dolor y producir euforia. Pero desde un aspecto terminológico conviene recordar que opiáceo se refiere a todos los productos derivados de la planta emparentada con la amapola y a la que los científicos denominan Papaver somniferum, o lo que es igual: “hierba del sueño”

Neurobiología de la dependencia y del síndrome de abstinencia a los opiáceos.

El vegetal produce un fruto en cápsula, globoso, que al hacerle unos pequeños cortes suelta un líquido que cuaja en contacto con el aire, el opio, y que contiene más de veinte alcaloides. De éstos, el más importante es la morfina, sustancia descubierta en 1804 por el farmacéutico alemán Sertürner y así llamada en honor a Morfeo, dios del sueño de la mitología griega.

La morfina fue utilizada como analgésico desde el primer momento, aunque pronto se observó un enorme problema: creaba adicción. Por tal motivo, algunos laboratorios farmacéuticos se lanzaron a la búsqueda de un principio activo similar pero que no tuviera efectos indeseables. Así las cosas, la compañía Bayer inició en 1898 la comercialización de una sustancia, que había sintetizado en sus laboratorios, la heroína. Sin embargo, la nueva molécula, además de crear adicción, ejercía un efecto más rápido que la morfina.

En el año 1975, Hughes y Kosterlitz sorprendieron a la comunidad científica al descubrir la existencia de algunas sustancias que tenían las mismas propiedades de la morfina y… que eran sintetizadas por el propio organismo; por ello se las denominó genéricamente endorfinas, y más tarde opiáceos endógenos, para diferenciarlos de los que no eran fabricados por el cuerpo, o exógenos. Después, y en muy poco tiempo, se descubrieron otras sustancias similares: encefalina, b-endorfina, dinorfina, etc. Curiosamente todos los opiáceos endógenos se localizan en zonas del sistema nervioso que guardan alguna relación con el procesamiento o la modulación del dolor.

¿Por qué los opiáceos actúan sobre el organismo? En primer lugar hay que tener en cuenta que la estimulación de una neurona, para producir un impulso nervioso, requiere un estímulo externo (por ejemplo la luz) o interno (como un posible dolor estomacal) que afectará a un receptor y producirá un impulso nervioso que viajará por varias neuronas. Sin embargo, dado que las neuronas están separadas por un pequeño espacio denominado sinapsis, se hace necesario utilizar un vehículo capaz de provocar el “salto” entre las diferentes células nerviosas. A este vehículo le llamamos neurotransmisor, una sustancia química que difiere con las neuronas.

Ahora bien, un neurotransmisor ejercerá su acción en una neurona si ésta posee un lugar concreto en su membrana que encaje con aquél. La molécula donde se acopla el neurotransmisor es una proteína que se llama proteína receptora o simplemente receptor; esta unión es similar a la que sucede con una llave y su cerradura. Por ejemplo, una neurona que tenga un receptor para el neurotransmisor acetilcolina podrá ser excitada por esta sustancia pero no por la adrenalina. Sin embargo, hay moléculas muy semejantes, llaves con muy pequeñas diferencias, que se acoplan en la misma cerradura. Esto explica que neuronas que son estimuladas por los opiáceos endógenos también puedan sufrir el efecto de moléculas ajenas al organismo, pero de estructura química parecida: morfina, heroína, codeína, etc.

De acuerdo con lo dicho anteriormente, los opiáceos, endógenos o exógenos, podrán estimular a todas las neuronas que tengan receptores para ellos. Pero, ¿dónde se encuentran las células nerviosas sobre las que pueden actuar la morfina o la heroína?
Estas neuronas se localizan en diferentes zonas del cerebro: el área tegmental ventral, el núcleo accumbens, el área preóptica, la formación reticular, la sustancia gris periacueductal y otras. Pues bien, las regiones que acabo de citar explican de una manera muy clara los efectos, perfectamente detectables, de los opiáceos: refuerzo, descenso de temperatura (hipotermia), analgesia, etc. En razón de la extensión de este artículo me voy a limitar a explicar someramente los fenómenos implicados en el refuerzo y la analgesia.

¿Qué es el refuerzo? Hay determinados estímulos externos que hacen que un animal realice una conducta por la cual se aproximará a dicho estímulo; estamos entonces en una situación de refuerzo. Es decir, el animal después de esa conducta se ve recompensado. Así, por ejemplo, cuando se tiene hambre, la sola presencia de alimento reforzará la conducta que le lleve a conseguir la comida. Algo similar podríamos decir de otros comportamientos fundamentales para la supervivencia: beber, ingesta de sal, conducta reproductora, etc.

Los científicos conocen desde hace poco tiempo que el área tegmental ventral y el núcleo accumbens (desde este momento hablaremos del ATV y NAc respectivamente) son zonas cerebrales implicadas en los fenómenos reforzantes y se sabe que muchas neuronas de esas regiones deben de tener receptores a los opiáceos, ya que los experimentos realizados con ratas han puesto de manifiesto que la inyección de morfina en el ATV u en el NAc aumenta la actividad de los mismos.

Además, si a un animal de experimentación se le da la posibilidad de autoinyectarse heroína mediante un dispositivo preparado para tal fin, no tendrá ninguna limitación a la hora de apretar la palanca que le proporcione la droga. Sin embargo, si se le administra alguna sustancia capaz de unirse a los receptores de los opiáceos en el ATV y en el Nac, la posterior inyección de heroína no generará ningún efecto en estas zonas y, lo que es más importante, se observará una disminución del efecto reforzante de la droga; es decir, se hará mucho más difícil conseguir que el animal dependa de estas sustancias.

Esta es precisamente la principal razón por la que los opiáceos “enganchan” y no el síndrome de abstinencia como mucha gente cree. Es evidente que cuando una persona depende de cualquier opiáceo, se produce una reacción neurofisiológica que le lleva a una administración continuada de la droga con el fin de evitar esa sensación desagradable que supone el síndrome de abstinencia. Ahora bien, si lo único que estimulara la inyección de heroína fuera evitar las desagradables consecuencias del síndrome de abstinencia, nunca tendrían tal conducta adictiva. La razón de la dependencia se encuentra en el efecto reforzante sobre la conducta o lo que es igual, en la sensación de placer que produce la droga.

Hay otra zona cerebral que también tiene un importante papel en los opiáceos: la sustancia gris periacueductal (en adelante SGP). En esta región hay neuronas que envían impulsos nerviosos que son capaces de bloquear, total o parcialmente, aquellos otros que llegan al sistema nervioso central por los circuitos de dolor. Es evidente, por tanto, que la estimulación de las células nerviosas de la SGP tendrá un efecto analgésico. Como las neuronas de la SGP poseen receptores a los opiáceos, al ser estimuladas por sustancias como la morfina generarán impulsos nerviosos que explicarán el efecto analgésico de estas sustancias.

Pero además, tal y como han demostrado estudios realizados en roedores, la SGP -y otras regiones cerebrales- está implicada en los efectos del síndrome de abstinencia. Así, un experimento consistió en administrar morfina a las ratas con el fin de hacerlas dependientes de la droga. Las ratas morfinómanas fueron posteriormente inyectadas con naloxona en la SGP. Esta sustancia tiene una estructura química que le permite encajar perfectamente en las moléculas donde se acoplan los opiáceos pero, a diferencia de éstos, no es capaz de estimular las neuronas. En consecuencia, si la naloxona está situada en el lugar que debía ocupar la morfina, la droga no ejercerá efecto alguno. Pues bien, la inyección de naloxona en la SGP en ratas morfinómanas es capaz de generar el síndrome de abstinencia en esos animales, prueba más que evidente de la implicación de esa estructura nerviosa en dicho fenómeno.

En fin, quiero concluir con la esperanza de que los estudios encaminados a descifrar los mecanismos de acción de los opiáceos permitirán obtener, de la naturaleza, o diseñar, en el laboratorio, alguna sustancia química que bloquee o reduzca los efectos indeseables de la droga de Morfeo.

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