Los alimentos, naturales, por favor

Todos los seres vivos necesitan ciertos compuestos para poder desarrollarse como tales. Sea cual fuere la forma en cómo los obtienen, no cabe duda de la frase “somos lo que comemos” resume de manera ejemplar el concepto biológico del nutrienteLas verduras, las frutas, los tubérculos,… tienen un sabor distinto dependiendo en muchos casos no solo de la variedad, sino también de la composición del suelo donde crecen y de las características del microclima de la zona. ¿Cuál es sino el motivo de destacar las excelencias de un producto cultivado en una zona determinada?

¡Qué diferencia de sabor! Cuando probamos un producto que ha sido cultivado de forma tradicional, y eso que ya no es lo que era, pero aún un tomate tiene la sensación de saber a tomate, porque la forma de cultivo es de subsistencia y pocos aditivos se añaden al cultivo. No estoy hablando de los cultivos mal llamados ecológicos o biológicos, no, hablo de un cultivo para el consumo.

Es en zonas donde todavía se mantiene el producto natural, la cocina tradicional y la elaboración artesana de los productos donde los alimentos todavía saben como nos cuentan nuestros padres y que nosotros no podemos ni imaginar. Añoranza suena cuando leo en una etiqueta de un producto precocinado: Lentejas caseras, hecho como en casa, gazpacho natural,…, pero es una añoranza falsa promovida por la cultura de la publicidad.

Un gazpacho es el que uno mismo se hace en su casa, con tomate, pepino, ajo y pimiento, aderezado con sal y vinagre y bañado con el agua necesaria para que alcance su textura tradicional. Si embargo, proliferan en los supermercados productos de este tipo etiquetados como gazpacho casero, o a la antigua, o hecho como en casa, o como quiera que los publicistas piensen en exponer las esencias graciosas de un producto realizado mediante un proceso industrial que nada tiene que ver con el apellido con el que los etiquetan.

Esto es falso, tan falso como el título de la etiqueta, y es que nadie puede determinar como diferenciar lo que es natural de lo que no lo es, qué es el sabor casero, o sabe como hecho en casa. Los ciudadanos que hemos crecido en la cultura televisiva, y los que vienen detrás de nosotros, fácilmente nos vemos engañados con los términos publicitarios del etiquetado. Lo que está claro es que un producto semielaborado, elaborado o precocinado hecho como en casa es un engaño, porque es un producto elaborado en la “casa” del fabricante, una industria, y desde luego no está hecho con el cariño que se espera que se emplee en la elaboración de una comida para la familia.

Un producto semielaborado o precocinado no tiene nada que ver con uno elaborado en la cocina de tu casa. Es el juego de la publicidad, rectificadores del sabor, conservantes, antioxidantes, ¡incluso sabor!, son compuestos que se añaden a estos productos para que garanticen que cumplen con el estándar de textura, color y sabor esperado y desde luego no han sido sus ingredientes seleccionados en el mercado por la mañana. Los productos light no adelgazan, ni son adelgazantes, pero nos dicen que ayudan a cuidar la línea, que en definitiva es lo mismo. Esto ocurre lo mismo cuando se habla de agricultura biológica o agricultura ecológica, este tipo de explotaciones no son en esencia lo que debería de ser una forma de cultivo tradicional, pero desde luego es un retroceso sin precedentes a la tendencia biotecnológica que en los últimos años se ha fomentado y que sin duda nos beneficia en tanto que nos alimentamos con productos de bastante mayor calidad en sabor y cualidades. La desventaja es que estos productos no tienen un aspecto brillante, lo que parece demostrar que ya no seleccionamos lo que nos comemos por sus cualidades, sino por su aspecto.

Esta tendencia en el mercado viene soportada por casos como el de las vacas locas, seguramente en décadas no habíamos comido carne más cuidada y de mayor calidad. Por otro lado los productores se ven forzados a adoptar técnicas de explotación que se aproximan más a la forma tradicional de cría de los animales. La conexión de la Encefalopatía espongiforme bovina con el síndrome de Creuzfeld-Jacob disparó las alarmas entre el consumidor, los aceites de orujo de oliva y los benzopirenos, la cría de aves en cuya alimentación se subministran de forma indiscriminada antibióticos que después hacen resistentes a los patógenos humanos, el engorde facilitado por compuestos químicos como el clembuterol,… han empujado al consumidor a preguntarse ¿qué estaremos comiendo?

Hecho con la leche más fresca, pregúntate antes de adquirir este producto si es fresco o no, me refiero al producto, claro, porque la leche con la que está elaborado puede estar en un punto cercano a la congelación e indudablemente está más que fresca.

Recojo la frase del principio: somos lo que comemos. Durante nuestra vida cotidiana comemos alimentos que están muy, muy elaborados, en el bar tomamos aperitivos y tapas elaborados en aceites refritos y refritos, en el restaurante igual, las bebidas contienen vaya usted a saber qué entre esas palabras tipificadas como acidulantes, potenciadores del sabor,…, por lo menos, en casa sería una buena idea que comiéramos casero. Esto garantiza nuestra salud futura y la de las personas que queremos. La conexión entre el cáncer y la alimentación está bastante bien relacionada por muchos estudios científicos, el efecto sobre la salud del consumo de determinados productos también.

Me asusta la fuerza de la televisión y de la publicidad: lo más terrorífico que invade nuestros hogares en estos días es lo último en borreguismo televisivo y publicitario: tal bebida realizada con concentrado de zumo, si, sabe a naranjas recién exprimidas, y peor aún, dales a tus hijos cual bebida porque crecerán más sanos, fíjate si es buena que lleva un 5% de puro zumo.

Socorro, tengo ganas de gritar al ver semejante barbaridad. Analicemos, si les damos a nuestros hijos un vaso, éste puede contener un volumen de unos 25 cl de la bebida en cuestión, bien, el 5% de 25 cl equivale a 1,25 cl de puro zumo, por favor, si 1,25 cl no es mucho más que el poso del vaso. Por cierto, lo de puro zumo también se las trae, igual que la expresión concentrado de zumo. La conclusión que podemos sacar de estas expresiones publicitarias es que estas bebidas incorporan una buena carga, de eso no cabe duda, de esos compuestos denominados potenciadores del sabor, acidulantes, antioxidantes, conservantes, etc. Que desde luego no es buena idea dárselos a mis hijos ni consumirlos nosotros durante décadas. Porque ese es el tema, el consumo de estos añadidos durante décadas o durante toda la vida.

El problema es que seguramente resulta muy difícil regular estas expresiones, el agua que adelgaza y que ahora te ayuda a no engordar, o si no es un caldo casero será como hecho por tu madre o como lo hacía la abuela y seguiremos comprando productos elaborados o semielaborados, precocinados, más abundantes en los supermercados que las zonas dedicadas a los productos frescos.

Lo acertado es regresar a lo tradicional, pero no a lo que dice la etiqueta, sino comprar los productos frescos que se necesitan para unos días, lo justo, lo que vamos a consumir, cocinarlos como lo hacían nuestras abuelas, y consumirlos con la garantía y la satisfacción de que son caseros de verdad.

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