Virus emergentes, la conquista de nuevos territorios

Un virus emergente se cataloga frecuentemente como un virus nuevo, hablando de él como si se tratase de un ente biológico de reciente creación, pero éste es un concepto equívoco y, por supuesto, alejado de la realidad, dado que la aparición de un virus “nuevo” solo podría estar asociado en la actualidad a una creación humana y esto es algo impensable en este momento. Por supuesto esto no incluye las supuestas modificaciones que pueden introducirse en un tipo ya existenteUno de los virus emergentes más conocidos fue en su momento el SIDA, ya perfectamente acomodado en su nuevo huésped, ahora lo son el ébola, lassa y marburgo entre otros. Con una alta probabilidad, en el futuro conoceremos la aparición de nuevos virus emergentes.

Existen de forma más o menos consensuada tres niveles de virus emergentes:
Aquellos en los que en la última década han aumentado su incidencia en la población de una forma más o menos alarmante
Virus que aún siendo conocidos no estaban del todo identificados
Virus desconocidos

Muchos virus intentan ampliar sus posibilidades de expansión logrando infectar nuevas especies, lo que les permite a la postre expandirse en áreas geográficas más extensas y garantiza su supervivencia en la naturaleza.

La característica de los virus emergentes o reemergentes (si su aparición ocurre en varias oleadas) es que aparecen de la nada, siendo responsables de inmediato de epidemias que causan una alta mortalidad. El éxito final de la emergencia se sitúa en la consecución de una expansión a nivel mundial.

La OMS mantiene un departamento dedicado al control de estas enfermedades denominado Communicable Disease Surveillance and Response (CSR) http://www.who.int/emc/ donde puedes encontrar información extensa sobre todas ellas. Es de destacar que no únicamente los virus son causantes de enfermedades emergentes, en general, muchos microorganismos son capaces de producir este tipo de enfermedades.

El origen de estos virus está en reservorios tales como aves o roedores, que habitan en ecosistemas muy diversos, a menudo poco frecuentados por el hombre hasta hace unas pocas décadas. La actividad humana en estos nuevos territorios podría facilitar que el virus fuera capaz de superar la barrera de especie y que lograra infectar a unos pocos individuos, a partir de ahí la enfermedad puede no avanzar y quedarse en una anécdota que probablemente nunca será detectada, o bien, lograr una epidemia cuyas consecuencias se plasman en su capacidad de expandirse tanto en el tiempo como en el ámbito.

No siempre el foco puede estar en regiones poco accesibles, los cambios de hábitos de la especie reservorio motivadas por muchos factores, como el cambio de climático, puede facilitar su aproximación a poblaciones humanas. Superar la barrera entre especies no es fácil, pero los virus han de encontrar nuevas vías de expansión. Por ejemplo, el uso de maquinaria agrícola pesada en grandes explotaciones provoca la formación de nubes de polvo y aerosoles contaminados provenientes de la orina, excrementos o sangre que bien pudieran estar contaminadas por el virus, ofreciendo una puerta de entrada inusual y muy efectiva al contacto.

No siempre es necesario una sofisticación tan grande, también las formas de contacto pueden ser las tradicionales, a través de vectores como mosquitos, garrapatas o el consumo de animales infectados. En realidad podría existir una infinidad de fuentes de contacto cada una relacionada con la actividad humana en cada una de las zonas geográficas.

No suele ser fácil detectar la fuente portadora del virus, ya que los animales que actúan como reservorios pueden ser portadores asintomáticos de la enfermedad, de modo que en ellos se produce la replicación viral sin que exista una enfermedad detectable.

Si la virulencia del virus es muy grande, suele ocurrir que no pueda extenderse más allá de la zona originaria debido a que las víctimas mueren sin tiempo de poder extender la enfermedad, esto produce brotes muy localizados geográficamente. Sin embargo, cuando la respuesta virulenta se basa en un periodo de incubación largo y persistente, la capacidad de expansión es enorme, citando un ejemplo de esta estrategia al virus del SIDA.

La emergencia de una enfermedad viral no puede determinarse, por lo que el método más eficaz para su detección es el establecimiento de una política de vigilancia sanitaria y la identificación rápida del peligro.

En la última parte del siglo XX el ser humano ha incrementado su capacidad de desplazarse a lo largo y ancho de la Tierra de una forma rápida facilitada por el avance en las tecnologías relacionadas con el transporte de personas y mercancías. Además estamos provocando cambios importantes es la estructura de los ecosistemas mediante la deforestación de amplias zonas antes inaccesibles, también la urbanización de nuevas áreas es un factor a tener en cuenta.

Los microorganismos han sido capaces de adaptarse rápidamente a esta nueva situación, haciéndose además mucho más resistentes a los actuales medicamentos permitiendo que se reduzca la capacidad efectiva de atajar una infección. Por estos motivos un brote infeccioso en un país en la actualidad es algo que nos implica a todos.

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