Sobre la guerra biológica y quÃmica
El 21 de septiembre de 2001, la Organización Mundial de la Salud, reflejaba el interés de la comunidad internacional de protegerse frente a potenciales ataques terroristas con armas biológicas y quÃmicasEn este y otros mensajes de la OMS (WHO) se refleja la indefensión que siente el ciudadano sobre este tipo de armas que potencialmente pueden ser utilizadas y cuya caracterÃstica es que no se oyen ni se ven y que, además, tienen una capacidad de extensión entre la población destacable.
Los virus y cualquier organismo patógeno conviven con nosotros de forma natural, muchos compuestos quÃmicos potencialmente peligrosos están a menudo cercanos a nosotros, sin embargo, la extendida idea del probable uso de este tipo de materiales como un arma es una preocupación generalizada.
Con el atentado terrorista del 11 de Septiembre de 2001 a los EEUU, se propagó con facilidad a través de los medios de comunicación la preocupación por un posible uso de armas biológicas y quÃmicas por grupos terroristas en sus atentados. Como consecuencia, algunos paÃses han estudiado planes de contingencia para poder responder con eficiencia desde los servicios de salud a un eventual ataque de este tipo. Mientras, según los medios de comunicación, amplios sectores de la población se han hecho acopio de máscaras de gas cuya capacidad de protección frente a los agentes quÃmicos o biológicos son nulos, siendo esta manera de actuar un reflejo evidente de la preocupación generalizada.
Debido a la incertidumbre sobre la escala con la que un ataque de este tipo podrÃa afectar a la población, es muy difÃcil poder evaluar el rango de afectación que permita hacer una prevención de sus efectos o preparar un plan de contingencia apropiado. En el informe de la OMS se deja claro que los efectos en una población grande del uso de armas biológicas o quÃmicas podrÃa ir desde la insignificancia hasta el extremo de la destrucción total de la vida en la zona.
Sin embargo, frente a este tipo de declaraciones, hay que tener en cuenta que de los miles de organismos patógenos o agentes quÃmicos que han podido ser probados para su uso como armas biológicas o quÃmicas, sólo unos pocos han podido catalogarse como candidatos “posibles” y, de ellos, menos podrÃa potencialmente utilizarse como un arma.
Antes de alarmarse ante esta posibilidad, hay que tener en cuenta, entre otros muchos aspectos, primero, que el agente realmente pueda ser utilizado como arma, y después todo un abanico de requerimientos que hacen muy difÃcil un resultado catastrófico. Además, serÃa necesario transportar esta supuesta arma hasta la población diana, mantenerla estable para que no pierda su toxicidad, contagiosidad o virulencia y, sobre todo, controlar la dilución del agente en el medio y la movilidad de éste.
La forma más razonable del uso de un arma biológica o quÃmica serÃa la inhalación, la vÃa digestiva o el contacto con la piel y mucosas. Por la vÃa respiratoria es vapor o aerosol el que transporta el arma hacia su blanco, por tanto las condiciones atmosféricas afectarán a su diseminación en la población. El motivo es sencillo, turbulencias, viento, lluvia, etc, podrÃan hacer que las partÃculas ascendieran verticalmente hacia capas altas de la atmósfera donde perderÃan su estabilidad o podrÃan ser depositas debido a la lluvia, o transportadas a zonas no habitadas.
Escoger la vÃa de difusión aérea tiene sus motivos, para el organismo supone una ruta de acceso vulnerable debido a que el área de intercambio gaseoso de los pulmones es muy grande y estas mucosas son susceptibles a la infección, incluso las células fagocitarias podrÃan ser un vehÃculo de transporte del agente biológico hacia el sistema linfático y desde allà poder provocar una infección sistémica.
La vÃa del sistema digestivo se caracteriza porque la forma de ataque consistirÃa en la ingestión de alimentos o bebidas contaminadas, pero, además, este tipo de contagios también provendrÃa por el contacto de las manos con la boca o por la ingestión del moco producido por la acumulación de partÃculas y aerosoles en la nariz y en las vÃas respiratorias altas. Como es evidente, las medidas higiénicas son una barrera significativa a la exposición del agente.
La vÃa de la piel y mucosas requiere la presencia de heridas, pequeñas grietas o lesiones. La piel es un sà misma una barrera efectiva contra la entrada de agentes biológicos o quÃmicos en el organismo, si embargo, la presencia de lesiones (grandes o pequeñas) y ciertos niveles de humedad pueden facilitar la exposición al agente. Esta vÃa puede ser la más rápidamente detectada, pues los ojos son muy sensibles a los agentes quÃmicos y evidencian rápidamente su presencia.
En conclusión, no es tan fácil como nos cuentan exponer a la población a un ataque biológico o quÃmico, existen bastantes barreras a superar, pero ello no quiere decir que sean infranqueables.
En primer lugar es necesario conseguir una cepa especialmente virulenta de un patógeno y, después, tener la capacidad y tecnologÃa necesaria para producirlos en cantidades suficientes. Esto lleva implÃcito el desarrollo de protocolos de seguridad biológica en las zonas productivas. El mismo concepto es extensible a los agentes quÃmicos.
Se ha de desarrollar un sistema de almacenaje y transporte que mantenga la estabilidad del agente biológico y que tenga la suficiente seguridad para evitar un desastre durante su manipulación.
Se ha de desarrollar un método eficaz para su diseminación. La gran mayorÃa de los agentes infecciosos son muy sensibles a las radiaciones ultravioletas en particular, a las radiaciones en general y a los agentes atmosféricos como el viento y la lluvia.
Finalmente, los efectos reales sobre una población diana no podrÃan evaluarse. PodrÃa limitarse a unos pocos casos hasta llegar a devastar la zona, pero en cualquier caso altamente es impredecible tanto en el efecto como en el tiempo que tardarÃa en declararse un ataque de este tipo. Es por ello que desde el punto de vista terrorista, es más efectivo el método que ya utilizan: las armas convencionales.

