Antonio Martí Franqués (1750-1832)
El 14 de junio de 1750 nacía en la población tarraconense de Altafulla Antonio Martí Franqués, un fisiólogo vegetal interesado en aspectos muy diferentes de la ciencia.
De familia noble, realizó diversos estudios en la Universidad de Cervera (1762-1764) que no llegó a terminar. Siempre estuvo interesado en el aprendizaje lingüístico; además de conocer lenguas clásicas como el latín y el griego, dominaba el inglés, alemán, francés e italiano. Tuvo una gran biblioteca en la que había un buen número de revistas científicas y libros, muchos de ellos de química y botánica.
Martí tenía un conjunto de amistades en el extranjero que le enviaban las revistas científicas más significativas que se publicaban fuera de nuestro país, lo que le permitía estar al tanto de los más recientes progresos de la ciencia y de la técnica como muy pocos científicos de su época. Además de interesarse por la fisiología vegetal y la química, también se ocupó de la física, meteorología, etc.
Fue miembro de la Sociedad de Amigos del País de Tarragona desde su fundación en 1786.
A lo largo de su vida escribió varias memorias en diversas academias científicas. Así, en 1786 ingresa en La Academia de Ciencias Naturales y de Artes de Barcelona, y el año siguiente presenta en la misma un trabajo titulado: Sobre algunas producciones que resultan de la combinación de varias sustancia aeriformes, en el que reproduce las experiencias de Jan Ingenhousz (1730-1799), descubridor de la fotosíntesis, sobre “el aire” desprendido por las plantas y se muestra partidario de la no existencia del flogisto. Ese mismo año presenta otro trabajo: El aire vital de las plantas y particularmente de la pita, en el que afirma que las hojas de las plantas sumergidas en agua y al sol liberan oxígeno en cualquier momento del año y que la pita suelta oxígeno en función de la intensidad luminosa.
En 1790 publica un interesante estudio químico titulado: Sobre la cantidad de aire vital que se halla en el aire atmosférico, donde hace algunas rectificaciones del trabajo de Antoine-Laurent de Lavoisier (1743-1794) que mantenía que el porcentaje de oxígeno en el aire era del 27%; este opúsculo de Martí se reprodujo en varias sociedades científicas europeas. También colaboró con científicos franceses en la medición del meridiano de París.
De entre los trabajos de Martí destaca, desde el punto de vista biológico, su memoria titulada: Experimentos y observaciones sobre los sexos y fecundación de las plantas, que fue leída en la Academia Médico-Práctica de Barcelona en marzo de 1791. La importancia de este estudio radica en la controversia que había entre los científicos sobre la necesidad de la intervención de los dos sexos en la reproducción vegetal. Aunque Linneo había aceptado la existencia de los sexos en las plantas, los experimentos de Lazzaro Spallanzani (1729-1799) parecieron indicar que en varias especies vegetales esto no era necesario. Martí realizó diversos estudios en las plantas que había utilizado el abate italiano (cáñamo, espinaca, sandía y calabacera de bonetillo) y el resultado de los mismos fue la memoria citada. En ella también podemos leer un párrafo que nos da una idea bastante clara de la personalidad humana y científica del catalán:
“La Naturaleza reservada y silenciosa que empecé a preguntar solo movido de curiosidad, y para emplear algunos ratos de recreación campestre, seguramente no me dará aquellas respuestas sublimes, y científicas, con que suele favorecer a los que por su profesión y grandes talentos, preparados ya con la más profunda y vasta erudición saben de tal modo consultarla que la obligan a revelarles sus más profundos arcanos. Conozco mi insuficiencia; y llamado desde mi retiro, he venido a ocupar con rubor un asiento entre los respetables Individuos de esta Academia”.
Al iniciarse el siglo XIX viajó por Europa con el fin de conocer diversas instituciones científicas europeas; estuvo en París, Londres, La Haya, Ámsterdam y Bruselas.
El 1811, en Tarragona, durante el asedio napoleónico fue herido y una parte de sus manuscritos fue destruida.
En 1829 y 1830 residió en Barcelona, donde mantuvo una tertulia científica. El Instituto de Estudios Catalanes instituyó en 1964 un premio, en ciencias químicas, que lleva su nombre.
Falleció en Tarragona el 20 de agosto de 1832.

