Augusto González de Linares (1845-1904)

Augusto González de Linares nació en Valle de Cabuérniga (Cantabria) en 1845. Realizó estudios primarios en la escuela municipal de su población de nacimiento y posteriormente en los Escolapios de Villacarriedo y en el Instituto Cántabro de Santander. Entre 1861 y 1864 cursó estudios universitarios de Ciencias Naturales y Derecho en la Universidad de Valladolid, que finalizó en Madrid.

Entre 1867 y 1869 ocupa el puesto de ayudante de Mineralogía y Geología en el madrileño Museo de Ciencias Naturales y es sustituto de la cátedra de Historia Natural del Instituto Cardenal Cisneros de la capital.

En 1870 finaliza el doctorado en Ciencias Naturales y dos años más tarde obtiene, por oposición, la cátedra de Historia Natural del Instituto de Albacete, que ejerce durante cuatro meses y abandona como consecuencia de haber logrado la cátedra universitaria de Historia Natural en la Universidad de Santiago de Compostela, que detenta desde agosto de 1872 hasta abril de 1875. En ese centro docente se manifestó como un fuerte defensor de las ideas evolucionistas que empezaban a entrar en España. En este sentido, el profesor montañés diseñó una filosofía natural de carácter evolucionista con categorías como Unidad, Organicidad, etc., muy utilizadas por el krausopositivismo. Con esta orientación escribió el Ensayo de una introducción al estudio de la Historia Natural (1873).

El biólogo cántabro fue, con el catedrático de Química Orgánica de su misma universidad, Laureano Calderón (1847-1894), uno de los principales protagonistas de la protesta en contra de una circular ministerial (1875) del ministro Orovio por la que se limitaba la libertad de cátedra del profesorado. En marzo de ese año se adhieren a los profesores compostelanos otros docentes de la Universidad Central. La actuación del profesorado finalizó en la llamada “segunda cuestión universitaria” (poco antes de la revolución de 1868 se produjo una primera muy similar) en la que muchos docentes fueron apartados de sus cátedras. Uno de los resultados de la misma fue la fundación en 1876, por parte de un grupo de profesores represaliados adscritos al ideario krausista, de la Institución Libre de Enseñanza (ILE). En esta obra, que se inició gracias al impulso de Francisco Giner, Gumersindo de Azcárate y Nicolás Salmerón, también participaron otras personalidades, entre las que se encontraba González de Linares.

Augusto González de Linares es profesor y el primer secretario de la Institución desde 1876 hasta 1880. En la ILE enseña Cristalografía y Morfología Natural durante un tiempo y junto con su amigo íntimo Salvador Calderón (1853-1911), hermano de Laureano, realiza viajes de estudios por diversos centros científicos europeos. Así, hizo trabajos botánicos bajo la tutela de Van Thiegen en el parisino Museo De Historia Natural.

En 1881, con el gobierno liberal, vuelve a ocupar su cátedra. No obstante, la plaza que tenía en la Universidad de Santiago de Compostela se encontraba ocupada, por lo que fue nombrado catedrático de Mineralogía y Botánica en la Universidad de Valladolid. Desde 1881 hasta 1884 continúa sus viajes a Europa y con comisiones oficiales visita el londinense Museo de Historia Natural y los laboratorios franceses de Wilmereux, Concarneau y Marsella y el napolitano de biología marina.

Son los años en los que comienza las investigaciones sobre nuestro litoral. Así, es comisionado en 1883 para estudiar las costas españolas, bien es cierto que sus trabajos, no publicados, debieron de ser muy elementales y rudimentarios. Eran los primeros pasos de la que iba a ser su obra intelectual, la creación de una estación de biología marina.

En 1884 se reincorporó a su actividad docente en la Universidad de Valladolid, donde participó activamente en la promulgación de la R.O. de 1886 por la que se creaba el primer centro español de biología marina, la Estación Marítima de Zoología y Botánica experimentales. La finalidad de la Estación era la de estudiar la flora y la fauna de nuestras costas y mares adyacentes, aplicar estos conocimientos al desarrollo de las industrias marítimas y formar o incrementar las colecciones científicas de los museos y centros de enseñanza. La idea de González de Linares tuvo el apoyo de los krausistas de la ILE y muy especialmente de Francisco Giner y de Ignacio Bolívar y Urrutia (1850-1944), catedrático de Entomología en la Universidad de Madrid.

En septiembre de 1886 Augusto González de Linares fue comisionado para estudiar en Italia la organización de una institución de vanguardia en el mundo de la biología marina, la de Nápoles. El biólogo cántabro marchó al centro científico en enero de 1887 y permaneció en él hasta junio del mismo año, cuando fue nombrado Director de la Estación y José Rioja Martín (1866-1945) Ayudante. La vida del montañés se unió permanentemente a la Estación, que dirigió hasta su muerte. En marzo de 1889 presentó un informe al Ministerio de Fomento en el que propuso su instalación en Santander.

El biólogo cántabro realizó gestiones con el fin de establecer pensiones para enviar a Nápoles a jóvenes biólogos y oficiales de la Armada con el fin de aprender las técnicas de biología marina. De esta forma, los trámites de González de Linares desembocaron en un contrato por cinco años con la Estación biológica napolitana. Uno de los científicos que estuvo en el centro italiano fue el botánico Blas Lázaro Ibiza (1858-1921), que dedicó al biólogo montañés la especie Centaurea linaresii.

En 1901, la Estación santanderina pasó a depender del Museo de Ciencias Naturales de Madrid y, en 1907, ambos centros quedaron bajo la tutela de la Junta para la Ampliación de Estudios.

La Estación de Biología Marítima de Santander, como se la denominó más tarde, fue una institución que inspiró dos importantes realizaciones institucionales españolas: el Instituto español de Oceanografía, fundado por Odón de Buen (1863-1945) y el Laboratorio de hidrobiología creado por Celso Arévalo Carretero (1885-1944).

El 2 de mayo de 1904, un día después del fallecimiento de González de Linares en Santander, se convocó un pleno municipal extraordinario en el que se le declaró Hijo Ilustre de la capital cántabra, se le cedió gratuitamente un terreno en el cementerio donde, con fondos municipales, se construiría un mausoleo y se daría su nombre a una plaza de la ciudad. Desde febrero de 2005 sus restos descansan en el Panteón de Personalidades del Cementerio de Ciriego.

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