Eduardo De Los Reyes Prósper (1860-1921)

En 1860 nacía en Valencia Eduardo de los Reyes Prósper, una personalidad importante de la fitogeografía española.

Era el mayor de los tres hijos del matrimonio que formaban Eduardo Reyes, facultativo de minas sevillano, y Amparo Prósper, natural de Valencia. La profesión del padre provocó muchos traslados de la familia Reyes Prósper y así sus tres hijos nacieron en poblaciones diferentes: el segundo, Ventura nació en Catuera (Badajoz) y José, el pequeño, en Córdoba.

Eduardo estudió el Bachillerato en Córdoba y empezó a cursar la licenciatura en Ciencias en su ciudad natal, donde también estudió durante cuatro años en la Academia de San Carlos, lo que hizo de él un dibujante excelente. Cuando en 1878 se trasladó a Madrid continuó su formación en la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad Central, especialidad en la que también se doctoró. Más adelante consiguió también, en la misma Universidad, la licenciatura en Ciencias Naturales (1884) y el doctorado en esa misma especialidad (1889). Es curioso el antagonismo académico inicial con su hermano Ventura (1863-1922). Éste se había doctorado en Ciencias Naturales, mas su temperamento sedentario le hizo dedicarse a las matemáticas, disciplina en la que destacó.

Aunque inicialmente orientó sus intereses científicos hacia la cristalografía y la microbiología, después se ocupó de la fisiología vegetal, la algología, la geobotánica y la ecología vegetal. Eduardo de los Reyes forma parte de una generación que representó el resurgir de los estudios botánicos en España, junto con Blas Lázaro e Ibiza (1858-1921), Pío Font Quer (1888-1964), Romualdo González Fragoso (1862-1928) y tantos otros y destacó entre los botánicos de su tiempo por tratar problemas de geobotánica.

Muy pronto se integró en las sociedades que eran punto de encuentro de muchos de los naturalistas españoles, la Sociedad Linneana Matritense y la Sociedad Española de Historia Natural, a las que se incorporó en 1883.

En el Jardín Botánico de Madrid fue Jefe de la Sección de Herbarios y en 1901, con motivo del fallecimiento de Miguel Comeiro (1816-1901), ocupó la cátedra de Fitografía y Geografía Botánica de la Facultad de Ciencias de la Universidad Central de Madrid, y en 1919 se hizo cargo de la dirección del Jardín Botánico madrileño.

En 1905, por disposición regia e iniciativa del conde de Retamoso, amigo de Eduardo de los Reyes, se crea la llamada Comisión Esteparia que, presidida por dicho conde, costeada por la Intendencia Real e integrada por el botánico valenciano, el químico Ramiro Suárez y el ingeniero agrónomo Rafael Juanini, está orientada al estudio de las estepas. En relación con esta Comisión se publica una de las obras más importantes de Reyes, un estudio pionero titulado Las carofitas de España, que vio la luz en 1910 y que tiene el subtítulo de “Singularmente las que crecen en sus estepas”; según su autor, es el fruto de más de diez años de herborizaciones e investigaciones en el laboratorio. Este texto fue editado lujosamente, “à expensas de la Real Casa” y dedicado a S.M. Alfonso XIII. Se trata de una completa monografía sobre estas algas en la que abordan asuntos taxonómicos en su mayoría (en él se describen varias especies nuevas para la ciencia), pero también otros de carácter fisiológico, geográfico, de botánica aplicada, etc. Esta obra fue elogiada por importantes científicos de su tiempo como José María Castellarnau (1848-1943).

Destacó entre los botánicos de su época al ocuparse en sus investigaciones de la geografía botánica e influyó, al menos en parte, en la obra de Emilio Huguet del Villar (1871-1953). El aspecto fitogeográfico es primordial en su otra gran obra: Las estepas de España y su vegetación, texto de 1915 que también, por ser fruto de la Comisión Esteparia, se publicó lujosamente. Elogiada inicialmente por su discípulo Huguet, es una obra en la que se queja de la injusta percepción de esterilidad con la que son considerados los suelos de estas comarcas, percepción que, en gran medida, se mantiene en la actualidad:

“Muchas plantas que la inmensa mayoría de nuestros compatriotas ven y pisan con indiferencia, los príncipes de la ciencia mundial dedícanse á recogerlas con veneración viniendo para este fin desde países lejanos. Las formaciones culturales esteparias, que constituyen una suma enorme de riqueza, atestiguan con cuánta injusta inexactitud se llama estériles á los suelos esteparios”.

Finalmente, hay que resaltar que el valenciano escribió unos trabajos relacionados con la historia de la ciencia. Es el caso, por ejemplo, del que versó sobre el eminente botánico alemán Eduardo Strasburger, o del estudio bio-bibliográfico sobre el también botánico Marino La Gasca y Segura, o las anotaciones sobre importantes personajes de historia de la ciencia.

Falleció en Madrid en 1921.

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