José Rodriguez Carracido (1856-1928)
José RodrÃguez Carracido nació en Santiago de Compostela en 1856 en el seno de una familia muy modesta. Toda su vida fue un estudiante excelente: en 1866 inició los estudios de Bachillerato que terminó en 1871 con premio extraordinario y tres años después concluyó la licenciatura en Farmacia con el mismo honor.
En octubre de 1874 marchó a Madrid para realizar el doctorado y el año siguiente aprobó, con el número uno, las oposiciones al cuerpo de Sanidad Militar. Su primer destino en el mismo fue el Laboratorio Central de Madrid; después de una corta estancia en Tafalla regresó a la capital de España.
En febrero de 1880 recibió la notificación de trasladarse al Peñón de la Gomera, lo que era un destierro consecuencia de sus ideas liberales, no bien aceptadas en un miembro del ejército. Esto motivó su renuncia a la carrera en la Sanidad Militar y su ingreso en la Universidad después de aprobar, en 1881, unas oposiciones a la cátedra de QuÃmica Orgánica Aplicada de la facultad de Farmacia de la Universidad Central. Ejerció la docencia en esta disciplina hasta 1898, año en el que, por oposición, obtuvo la cátedra de QuÃmica Biológica, materia novedosa para la época que ya se impartÃa como curso de doctorado en las facultades de Farmacia, Ciencias y Medicina. Su vida de profesor la finalizó en esa misma cátedra al cumplir los 70 años. RodrÃguez Carracido fue Decano de la Facultad de Farmacia desde 1908 hasta 1916, en el que fue nombrado Rector de la Universidad Central. Falleció en Madrid el 3 de enero de 1928.
Carracido fue una persona que se interesó por todas las facetas del conocimiento, de forma que alcanzó una cultura extraordinaria y una popularidad infrecuente en un hombre del mundo de la ciencia. Ingresó en la madrileña Academia de Ciencias el 1887, en la de Medicina en 1906, en la Real Academia Española en 1908, participó en la creación de la Sociedad Española de FÃsica y QuÃmica y de la Asociación Española para el Progreso de las Ciencias, etc. Aunque la quÃmica primero y la bioquÃmica después fueron objeto de su principal interés, también cultivó la literatura (escribió en 1890 La muceta roja), la historia de la ciencia (son famosos sus Estudios histórico-crÃticos de la ciencia española, de 1897), etc.
Pero RodrÃguez Carracido figura en esta sección de Biólogos españoles porque fue un auténtico pionero de los estudios bioquÃmicos en España. Ya se ha comentado que ocupó la cátedra de QuÃmica Biológica en la Universidad Central, lo que hizo sustituyendo a Laureano Calderón Arana (1847-1894), persona más interesada en otras facetas cientÃficas, bastante alejadas de la bioquÃmica, como la mineralogÃa y la cristalografÃa. Por ello, se puede considerar a José RodrÃguez Carracido el verdadero pionero de los estudios bioquÃmicos en España. AsÃ, su Tratado de QuÃmica Biológica, libro publicado en 1903, es el primero que sobre esta especialidad se escribió en nuestro paÃs. Es un texto de gran actualidad en el que se citan los autores más sobresalientes dentro del ámbito bioquÃmico, las revistas más interesantes y los libros más novedosos. La obra tuvo una segunda edición “notablemente modificada y aumentada” en 1917 y una tercera, “modificada y aumentada”, en 1924.
Además de este libro, RodrÃguez Carracido publicó diversos trabajos de bioquÃmica en las revistas españolas de la Real Sociedad Española de FÃsica y QuÃmica, de la Real Academia de Ciencias Exactas, FÃsicas y Naturales, etc. y en otras extranjeras de gran prestigio: Biochemische Centralblatt, Bulletin de l’Institut Pasteur, etc.
Entre otros temas, sus investigaciones versaron sobre Observaciones relativas al proceso quÃmico de la queratinización (1904), Sobre el estado coloide en la materia viva (1913), Determinación cuantitativa de la colesterina de la sangre (1914), Transformaciones bioquÃmicas de la materias proteicas (1926), etc.
Cuatro dÃas después de su fallecimiento, en el diario ABC se podÃa leer lo siguiente: “Pese a su modestia, Carracido, como catedrático y como egregio cultivador de la ciencia, ha podido, al morir, dirigiéndose a los españoles, glosar las últimas palabras de Séneca: ‘Os lego el ejemplo de mi vida’.
¡Paz al espÃritu y prez a la memoria del maestro!”.

