Lorenzo Hervás Y Panduro (1735-1809)

El día 10 de mayo de 1735 nacía en la villa de Horcajo de Santiago, en Cuenca, Lorenzo Hervás y Panduro, uno de los intelectuales más importantes del siglo XVIII español, interesado en numerosos aspectos de la ciencia.

Era el menor de los tres hermanos de una familia de campesinos. Cambió su primer apellido (García) por el segundo de su padre, Juan García Hervás. Entró en el noviciado de la Compañía de Jesús en Madrid en 1749 y hasta 1760 estudió Humanidades, Filosofía, Teología, Lenguas clásicas, Astronomía y Matemáticas en la Universidad de Alcalá. Ese año fue ordenado sacerdote.

Estuvo realizando misiones evangélicas en varias localidades del obispado de Cuenca, enseñó Latín en Cáceres (1760-1763) y en el hospital militar de esta ciudad, mientras asistía a las tropas, enfermó de gravedad por lo que marchó al colegio de Huete donde impartió clases de Teología Moral. En 1765, en el madrileño Seminario de Nobles, dio lecciones de Geografía y Filosofía. Al finalizar 1766 llega al colegio jesuita de Murcia para enseñar Filosofía.

En 1767, como consecuencia de la expulsión de los jesuitas por Carlos III, fue a Italia y residió, hasta 1798, en Ajaccio, Forli, Cesena y Roma; regresó a España en 1799 y en 1802 volvió a Roma donde estuvo como bibliotecario papal (Pío VII) hasta1809, año de su fallecimiento.

Aunque escribió diversas obras de Matemáticas y Física, desde el punto de vista científico la más eminente de las mismas es Idea dell’Universo, cuyos 21 volúmenes empezaron a publicarse en 1778 en italiano y durante 10 años.

Los ocho primeros forman una antropología biológica de naturaleza enciclopédica y tratan del hombre desde su concepción hasta su muerte (Storia della vita dell’uomo) y el último de ellos es una anatomía humana (Notomia dell’uomo, 1780); los siguientes ocho tomos son cosmográficos (Viaggio estatico), donde aporta saberes de astronomía, diferentes cosmogonías, la creación, el pecado de Adán, la magnitud y elementos de la Tierra, el Diluvio universal, Babel, etcétera. Desde el tomo XVII, el tema es filológico y cada uno tiene ya un título individualmente: Catálogo de las lenguas conocidas, Origen y armonía de los idiomas, Aritmética de las naciones, Vocabulario de más de 150 lenguas, y el Padrenuestro en más de trescientas lenguas. En 1792 publicó un apéndice teológico, el tomo XXII. Esta última parte es la que más fama le ha dado: es un compendio de las lenguas exóticas y una biblioteca de los autores que escribieron gramáticas y diccionarios en diversos idiomas. También escribió la muy citada Escuela española de sordomudos, o arte para enseñarles a escribir y hablar el idioma español.

En 1789, comienza a publicar la Idea dell’Universo en español, pero no la traduce sino que amplía lo que ya escribió en italiano. Así, la reestructura en cuatro libros independientes: Historia de la vida del hombre, Viaje estático al mundo planetario, El hombre físico y, por último, el Catálogo de las lenguas.

En la Historia de la vida del hombre, Hervás estudia al ser humano desde el punto de vista biológico, pero también lo hace desde el punto de vista social, etnológico, lingüístico, etc. y siempre desde una perspectiva antropocéntrica y trascendente. Así, los diferentes libros de esta obra quedan resumidos en las palabras que el jesuita escribe al inicio de la obra:

“Presento al hombre el retrato más vivo de sí mismo. Hago del mismo hombre perfecta anatomía. Hablo siempre del hombre; y explico lo que es el hombre. Después de Dios no puedo presentar al hombre cosa más digna de toda su atención. Si una animal se hallara de repente convertido en hombre, su primer pensamiento sería considerarse a sí mismo, y pasmado de su nueva esencia, decir en su interior: ¿Yo soy? Mas ¿Qué soy?, ¿Quién me ha hecho y pora qué me ha hecho?, ¿Donde estoy y adonde voy?, ¿Qué Tierra, qué Cielo, qué mundo veo? Este sería el primer pensamiento del nuevo hombre. Quien así no piensa no merece ser hombre. La primera, última y casi única ciencia del hombre es el conocimiento de sí mismo, con relación al fin de su creación”

Hervás, fue socio de la Real Academia de Ciencias de Dublín, de la Etrusca de Crotona y de la Sociedad Económica Vascongada.

Falleció en Roma el 24 de agosto de 1809

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