Pedro de Cieza de León (1520-1554)
El “prÃncipe de los cronistas de las Indias”, el relato ciezano no se limita a la descripción morfológica de las formas vivas, también comprende, a veces, aspectos reproductores y etológicos de algunas especies animales, amén de ciertas descripciones que constituyen verdaderos ejemplos de cómo entender la naturaleza en su conjunto, como un todo, esto es, ecológicamente
Pedro de Cieza nació hacia 1520 en Llerena, provincia de Badajoz. Toda su familia era de la citada localidad pacense, familia de comerciantes y escribanos que se desplazó a Sevilla atraÃda por el gancho que la misma tenÃa en las primeras décadas del siglo XVI. La corta vida del cronista extremeño puede ser dividida en tres etapas: la primera la forman los años de infancia y adolescencia (entre 1520 y 1535); la segunda corresponde a la que podrÃamos llamar etapa americana, de estudio y observación (periodo comprendido entre 1535 y 1550); la tercera etapa es muy breve, transcurre en la penÃnsula Ibérica (1550-1554). Cieza se casó, en 1551, con Doña Isabel López de Abreu, la cual murió en mayo de 1554, dos meses antes que su marido.
Antes de volver a España, Cieza tiene como objetivo la edición de un libro que narre las experiencias por él vividas y, a tal efecto, escribe y publica De la chronica del Peru. (1553). La obra tuvo una importante difusión nacional e internacional; de las once ediciones impresas durante el siglo XVI, unas lo fueron en Amberes y algunas vieron la luz en Italia. En el siglo XVIII se tradujo al inglés.
Pedro de Cieza de León no es un cientÃfico en el sentido moderno de la palabra, ni está al mismo nivel que algunos contemporáneos suyos como Fernández de Oviedo, José de Acosta y Bernabé Cobo. Sin embargo, este historiador-naturalista que narra la más interesante de las crónicas relativas al Perú, aborda en su obra, de forma intuitiva, aspectos biológicos como ningún otro lo habÃa hecho hasta entonces o lo hará después.
Cuando nos ocupamos de los aspectos biológicos de la obra del que ha sido considerado el “prÃncipe de los cronistas de las Indias”, observamos una serie de caracterÃsticas que son válidas para la totalidad de la misma. AsÃ, Cieza es veraz, cuenta lo que observa, y si no ha tenido oportunidad de comprobar alguna de sus noticias, informa al lector lo que le han dicho otros. Los más de sus relatos son escuetos pero precisos, algunos prolijos hasta detalles aparentemente poco significativos, pero la totalidad de la narración está impregnada de un afán didáctico que se expresa a través de la comparación. En ocasiones adorna las noticias con anécdotas más o menos espectaculares que dan amenidad a sus comentarios y que resaltan las propiedades del animal o vegetal que refiere. El relato ciezano no se limita a la descripción morfológica de las formas vivas, también comprende, a veces, aspectos reproductores y etológicos de algunas especies animales, amén de ciertas descripciones que constituyen verdaderos ejemplos de cómo entender la naturaleza en su conjunto, como un todo, esto es, ecológicamente.
Las facetas naturales de la obra de Cieza están impregnadas de sinceridad. Son muchas las descripciones botánicas, zoológicas, etnográficas, etc. en las que informa al lector de su experiencia personal. Por último, las descripciones del extremeño están salpicadas de comparaciones como punto de partida para explicar el exotismo de la vegetación y de la fauna.
Cieza intuye en la morfologÃa de muchos animales de los que da noticia una semejanza taxonómica con las especies conocidas. AsÃ, el parecido morfológico no deja lugar a dudas cuando habla de los ñandúes, de los que dice: unas “avestruces delante de los Charcas se han hallado y los indios las tenÃan en mucho”; incluye al aura o buitre de cuello rojo en el mismo grupo que el cóndor; los españoles que pisaron el Nuevo Mundo llamaron a las llamas, de una manera inadecuada, “ovejas” y también “ovejas del Perú”, pero Cieza, empero, afirma, mucho más acertadamente, que “…más propiamente tiran a camellos”; acierta al incluir al pecarà entre los cerdos; y relaciona correctamente dos especies de Perisodáctilos, el danta (o tapir) y la cebra.
El cronista salpica sus relatos con noticias sobre el comportamiento animal: nos comenta los hábitos cazadores del aura, algunos aspectos de los hábitos reproductores de la alpaca, de la docilidad de las boas, etc.
La visión que tiene de la naturaleza como un todo es digna de encomio y, aunque no acuñó el término ecologÃa, bien puede ser considerado uno de los pioneros a la hora de dar detalles de las cosas naturales en su conjunto, con una visión amplia y global de lo que debe ser el estudio de una comarca geográfica. A este respecto es conveniente destacar el relato magistral del capÃtulo XVI de la Crónica: “En que se da noticia de algunas cosas tocantes a las provincias de Puerto Viejo y a la lÃnea equinocial”.
La patata es, probablemente, la especie paradigmática de lo que supuso la introducción en Europa de vegetales que iban cambiar los hábitos alimentarios de sus habitantes. Pues bien, Cieza es el primer naturalista que da cumplida información de esta planta. En repetidas ocasiones relata la existencia de las “papas”, que coteja con las turmas (testÃculos o criadillas) de tierra. Refiere el uso que del tubérculo hacen los indios: “…después de cocido queda tan tierno por de dentro como castaña cocida; no tiene cáscara ni cuesco…”. También da cuenta del porte de la parte aérea de la planta: “…produce esta fruta una hierba ni más ni menos que la amapola…”
Cieza informa de manera precisa de una planta muy utilizada antes del Descubrimiento, la quima, a la que no hay que confundir con la quina. Este vegetal, que recibe también los nombres de quinua, quÃnoa, arrocillo y trigo inca, es semejante a la española cenizo, ceñiglo o berza perruna. Hay que tener en cuenta que esta planta, junto con la patata, el maÃz y la oca, constituÃa el principal nutrimento calórico de los indÃgenas de gran parte de los territorios visitados por el naturalista de Llerena, el cual describe el vegetal y nos cuenta su utilización gastronómica.
Una de las más interesantes aportaciones de la obra del extremeño es la de haber sido el primer texto que refiere noticias paleontológicas. La magna obra titulada Historia General de las Ciencias, dirigida por René Taton, dice que “La Crónica del Perú, de Pedro Cieza de León (1553), es el texto más antiguo referente a los vertebrados fósiles; el autor se refiere, en su crónica, a huesos gigantes”.
Finalmente, uno de los relatos más precisos que se pueden leer en la obra de Cieza es el del capÃtulo XCVI de la Crónica dedicado a la coca. La descripción que hace de la planta es la primera que se realiza con detalle de su uso, cultivo, comercio y expansión.

