José Antonio Pavón Jiménez (1754-1840)

La vida de este ilustre extremeño estuvo marcada por un acontecimiento de alta categoría científica: la expedición que en calidad de “segundo botánico” realizó a Perú y Chile. Esta descomunal empresa ha hecho que su nombre aparezca ligado al que fue el director de la misma y su “primer botánico”, Hipólito Ruiz López.

El 22 de abril de 1754 ve la luz en Casatejada, Cáceres, José, hijo de don Gabriel Pavón y de doña Josefa Jiménez Villanueva. Sabemos que tuvo una hermana de nombre María de las Mercedes y que a los once años fue a estudiar a Madrid hospedándose en casa de su tío de igual nombre, José Pavón, a la sazón boticario real.

En el periodo comprendido entre 1771 y 1778 Pavón cursa estudios superiores: aprende las lenguas italiana y francesa, Geografía, Física, Química, Mineralogía, Farmacia y Botánica. Es evidente que su formación intelectual fue muy selecta pero, además, en relación con la ciencia a la que dedicó su vida, la botánica, tuvo como profesor al eminente Casimiro Gómez Ortega. Poco sabemos de la vida familiar de Pavón salvo que tuvo dos hijos, José María Francisco Antonio y María Lina Mercedes.

El que fuera catedrático de Botánica y director del Jardín Botánico madrileño, el Padre Antonio José de Cavanilles (1745-1804), probablemente el más importante de los botánicos españoles¬, dice de él que era un “hombre aplicado, de luces, modesto, y de excelente conducta”.

Pavón fue una persona bastante desgraciada. Como tantas en España no vio recompensada su labor, al menos desde el punto de vista económico, en su dilatada vida. Muchas son las deudas que tuvo, muchos los sinsabores como hombre y como científico, grandes las incomprensiones que padeció. En alguna ocasión buscó la influencia en el poder y así, en 1794, le regaló a Carlos IV una colección de mariposas y curiosidades conseguidas en la expedición al continente americano.

La vida de este insigne científico estuvo marcada por la expedición a tierras suramericanas. El viaje científico a Perú y Chile, realizado durante los años 1777 y 1788 constituyó un excelente intento de aumentar la presencia científica y política de España en la Europa ilustrada. La Expedición nació como consecuencia de la aceptación, por parte del gobierno español, de la propuesta francesa de explorar el virreinato de Perú. La expedición a Perú y Chile, en la que se exploraron también territorios ecuatorianos, estuvo formada por Hipólito Ruiz López, “primer botánico” y director del viaje, José Antonio Pavón y Jiménez, “segundo botánico”, José Dombey (1742-1794), médico y botánico francés agregado a la expedición hasta 1785, José Casto Brunete Dubua, “primer dibujante” e Isidro Gálvez Gallo, “segundo dibujante”. A estos expedicionarios hay que añadir otros de segunda importancia: Juan José Tafalla, Juan Agustín Manzanilla, Francisco Pulgar y José Rivera.

Los científicos estuvieron durante once años herborizando en Suramérica, aunque Dombey regresó a Europa en 1785. La labor de los botánicos era la de recolectar diversos ejemplares en forma de semillas y herbarios; además, debían intentar enviar plantas vivas, bulbos, brotes y cepellones de césped a España, que se multiplicarían en Madrid para que los botánicos los estudiaran con más detalle a su regreso. Cuando regresaron a España en 1788, trajeron consigo veintinueve cajones de herbarios y dibujos, así como más de cien plantas vivas para el Real Jardín Botánico. Por desgracia, su colección principal de cincuenta y tres cajones con ochocientos dibujos, plantas secas, semillas, resinas, bálsamos y minerales se perdió cuando el buque que los transportaba naufragó frente a la costa de Portugal.

Hay que destacar que José Antonio Pavón se carteó con el eminente Humboldt, que el ginebrino Edmond Boissier, autor de una importante obra en cinco volúmenes, Flora orientalis, dedicó al extremeño nada menos que tres plantas: la Anemona pavoniana, la Echium pavonianum y la Omphalodes pavoniana.

En 1814 José Antonio Pavón recibe una carta del botánico e importante coleccionista inglés Aylmer Bourke Lambert en la que pide al casatejado le venda réplicas de las plantas, insectos y conchas de la expedición al continente americano. Es por esto por lo que se ha acusado al extremeño de comerciar con los ejemplares de la expedición; sin embargo creo más acertado decir que Pavón está harto de la inutilidad de sus esfuerzos en América, de la desidia de los gobernantes, de las intrigas, luchas, falta de medios, etc. Más tarde, durante los años 1826 y 1827 también tuvo relaciones comerciales con Philip Barker Webb, que adquirió del extremeño un lote formado por 4994 vegetales, que se conservan en el Instituto Botánico de Florencia. Actualmente, en el Real Jardín Botánico de Madrid, el herbario de Ruiz y Pavón está guardado en 165 cajas y 29 paquetes que contienen unos 8000 pliegos, con alrededor de 1800 tipos.

José Antonio Pavón fue socio o miembro, entre otras, de la Academia de Medicina (sección de Naturales), de la Real Academia de Medicina Práctica de Barcelona, de los Amigos de la Investigación de la Naturaleza de Berlín, del Instituto Nacional de París, de la Sociedad de Ciencias y Bellas Artes de Montpellier, de la Société Philimatique de París, de la Société Linneene d’Emulation de Burdeos, de la Société Linneene de París, de la Linnean Society de Londres, de la Academia Real das Sciencias de Lisboa, de la Real Academia de Medicina de Madrid, de la Real Academia de Ciencias de Madrid, de la Sociedad de Ciencias Médicas del Departamento de Moselle, de la Sociedad Física Megapolitana de Rostoch, etc.

Este reconocimiento científico contrasta fuertemente con el hecho de que Pavón no fuera nombrado agregado al Real Jardín Botánico hasta 1834…¡cuando sólo tenía 80 años!

La labor de un botánico puede ser reconocida para la posteridad de una manera muy peculiar, asignando su nombre a un taxón concreto. En este sentido ya hemos visto las tres especies con las que Boissier homenajeó a Pavón. Además, podemos añadir que el que fuera director del Jardín Botánico de Madrid, el eminente Antonio José Cavanilles, utilizó el término Pavonia para nombrar un género vegetal en honor del casatejado.

La labor científica del extremeño ha quedado plasmada en la magna obra que, sobre la flora del Perú y Chile, escribió en colaboración con Hipólito Ruiz. Los hallazgos científicos de la expedición aparecieron entre 1798 y 1802, en tres volúmenes, con el siguiente título: Flora Peruviana, et Chilensis, sive descriptiones, et icones plantarum Peruvianarum, et Chilensium, secundum systema Linnaeanum digestae, cum characteribus plurium generum evulgatorum reformatis. Hay que destacar que esta fundamental obra botánica fue publicada parcialmente en vida de sus autores: solamente la cuarta parte de una ingente labor científica llegó a las prensas mientras Ruiz y Pavón vivían.

En 1801, se edita en Madrid otra obra de Pavón escrita en colaboración con Ruiz, el Suplemento a la quinología. José Antonio Pavón escribe en solitario la Nueva Quinología, que finaliza, pero que no publica, en 1826. La importancia de este trabajo radica en el hecho de que sirve de guía, modelo y fuente de la que bebe el botánico inglés John Eliot Howard que publica, entre 1852 y 1853, una serie de monografías en las que ya se hace alusión al botánico de Casatejada: Examination of Pavon Collection of Peruvian Barks contained in the British Museum. Podemos considerar a la Nueva Quinología, como el texto más significativo de los que Pavón elabora en solitario.

Además de las obras citadas, publica unos estudios monográficos, de menor importancia, sobre diferentes géneros botánicos: Tobaria, Actynophyllum, Araucaria y Salmia, que aparecieron en 1797 en las Memorias de la Real Academia Médica de Madrid.

La vida de Pavón termina en 1840. Como muchas veces ha sucedido con los grandes hombres, y Pavón lo fue, su vida acaba con deudas y sin empleo. Sólo el tiempo, ha hecho que la labor científica llevada cabo por el casatejado forme parte de los grandes textos botánicos.

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