José Celestino Bruno Mutis y Bosio (1732-1808)

El 6 de abril de 1732 nacía en Cádiz, en el seno de una familia burguesa dedicada al comercio del libro, José Celestino Bruno Mutis y Bosio. Estudió Gramática y Filosofía en el Colegio de San Francisco de los jesuitas. Más tarde Medicina (1748-1753) en la Universidad de Sevilla y Cirugía (1749-1752) en el Colegio de Cirugía de su ciudad natal. Durante su formación universitaria realizó prácticas clínicas en el Hospital de Marina de Cádiz.

En 1757 Mutis va a Madrid para obtener el título de médico que, a la sazón, otorga el Tribunal Real del Protomedicato, y entra como médico de cámara de la Corte. Un año mas tarde perfecciona sus conocimientos botánicos en el madrileño Jardín Botánico del Soto de Migas Calientes del que era director Joseph Quer y Martínez (1695-1764) y que había sido creado por R.O de Fernando VI dos años antes. Miguel Barnades (¿-1771), sucesor de Quer en la dirección del Jardín, le convierte en linneano incondicional y conoce a Klas Alströmer, discípulo del sabio sueco, cuya influencia le decanta definitivamente por los estudios dedicados a la ciencia de las plantas. Al despedirse de Alströmer, a punto de viajar a América, promete enviar a Linneo (1707-1778) colecciones de productos naturales del Nuevo Continente.

Cuando Pedro Messia de la Cerda fue nombrado Virrey del Nuevo Reino de Granada en 1760, quiso llevarse a los territorios allende el Atlántico a un médico y eligió al gaditano. Mutis abandonó España con la intención de escribir una historia natural de América y solicitó del virrey que, una vez en Nueva Granada, le diera permiso para hacer exploraciones científicas. Llegó a Cartagena de Indias en octubre de 1760.

Linneo escribió a Mutis a principios de 1761 animándole a emprender unas “peregrinaciones botánicas” por América y le pedía que le enviara materiales biológicos para aumentar su gabinete sueco de historia natural. Asimismo le prometía poner el nombre de Mutis a una planta (así lo hizo con el género Mutisia; con ella en la mano le pintaron sus discípulos en uno de los retratos que de él se conocen). El gaditano siempre consideró un gran honor cartearse con el sabio sueco: lo hizo durante 17 años (1761-1778). A fin de cuentas, el botánico nórdico dijo de él: “Te felicito por tu nombre inmortal que ningún tiempo podrá borrar”. Mutis puso a su disposición numerosos productos naturales: material disecado, láminas en color y descripciones de seres vivos, y Linneo dio publicidad a las colecciones mencionando al español. Con los materiales remitidos por Mutis, el botánico sueco y su hijo publicaron varios artículos científicos en cuyas páginas aparece el nombre del español citado con frecuencia.

Poco después de llegar a América, Mutis envió al Rey Carlos III las llamadas “Representaciones”(1763 y 1764), una especie de proyecto de investigación, en las cuales denunciaba el poco interés de España por la historia natural de los territorios americanos. Solicitaba ayuda para recolectar, ordenar y describir el material que habría de recoger para, más tarde, enviarlo al Jardín Botánico de Madrid que, de esta forma, acabaría convirtiéndose en punto de referencia de la botánica europea. Asimismo también iba a estudiar plantas de gran interés económico: la quina y la canela silvestre.

Por razones políticas la respuesta regia se dilató y por falta de medios el español tuvo que dedicarse a la administración de empresas mineras, al ejercicio de la medicina, la enseñanza de las matemáticas y física de Newton, etc. Estas ocupaciones le permitieron costear sus exploraciones y recopilar datos para su “Historia Natural de Nueva Granada”, pero tan importante como esto fue que, de hecho, Mutis se convirtió en el primer científico que introdujo los conocimientos de la ciencia moderna en esos territorios.

En 1772, a los cuarenta años, se ordenó sacerdote y un año después el virrey le sugirió regresar a España. Sin embargo, su vida ya estaba unida permanentemente a Nueva Granada.

En 1777 Carlos III creó el Real Gabinete de Historia Natural y Antonio Caballero y Góngora fue nombrado arzobispo de Santa Fe; cuando en 1782 fue escogido como virrey, autorizó un permiso de la Corona a Mutis para que preparara una expedición -que iba a durar 33 años- y que iba a tener una importancia extraordinaria para la historia natural. El mecenazgo de la Corona permitió a Mutis adquirir libros, instrumental, instalaciones, pagar a naturalistas, pintores, etc. Creó un taller de pintores en el que se realizaron 600 láminas en color y otras tantas en blanco y negro.

En 1784 fue nombrado miembro de la Academia de Ciencias de Estocolmo, correspondiente del Real Jardín Botánico de Madrid y miembro de la Real Academia de Medicina. La enemistad entre Mutis y Casimiro Gómez Ortega(1741-1818), entonces director del Jardín Botánico madrileño, hizo que el gaditano no enviara material alguno a la capital, como hicieron los integrantes de otras expediciones, sino que funcionó con completa independencia de la dirección madrileña.

A principios del siglo XIX la empresa científica de Mutis había llegado a un desarrollo tal que se produjo una diferenciación en secciones, independientes de la parte botánica que dirigía Mutis: la sección geográfico-astronómica (al frente de la cual estaba Francisco José Caldas) y la zoológico-antropológica (de Jorge Tadeo Lozano).

Su espléndida biblioteca llegó a contar 8500 volúmenes, cifra extraordinaria entonces. En opinión del más importante naturalista de la época, Alexander von Humboldt (1769-1859), no había otra que la superara, a excepción de la de Banks en Londres, en asuntos de historia natural. Además, el sabio alemán le definió como “Patriarca de los botánicos” y le dedicó su libro Plantas Equinocciales. Bien es cierto que Humboldt criticó las incorrectas observaciones barométricas que con un instrumental inadecuado realizó el gaditano.

Sus estudios sobre la quina aparecieron en el Arcano de la quina, que se publicó por entregas semanales en el Papel Periódico de Santa Fe de Bogotá (1793-1794). En el Arcano se determinan los usos médicos, farmacológicos, terapéuticos, posología, contraindicaciones, etc. de las especies de quina estudiadas por Mutis. Sus trabajos -y los de otros (Hipólito Ruiz y José Pavón)- sobre la corteza de la quina son la principal aportación de los botánicos españoles a la historia de la farmacología. La de Mutis fue la de crear una escuela científica cuyo destino fue segado por las inquietudes independentistas de los novogranadinos.

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El 11 de septiembre de 1808 moría de una apoplejía en Santa Fe a los 76 años. Fue sepultado con gran pompa el día 12 en el presbiterio de la iglesia de Santa Inés.

Desde 1817 los resultados de los trabajos de la expedición botánica permanecen guardados en el Jardín Botánico de Madrid: una colección iconográfica de 6619 láminas, un herbario formado por 20000 ejemplares y numerosos manuscritos científicos y personales de Mutis. Durante más de un siglo no se los hizo caso, hasta que fue planeada la gigantesca edición de la Flora de la Real Expedición Botánica del Nuevo Reyno de Granada.

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