Ignacio BolÃvar Y Urrutia (1850-1944)
El 9 de noviembre de 1850 nacÃa en Madrid Ignacio BolÃvar y Urrutia, el primer catedrático de EntomologÃa de la Universidad española, el más importante entomólogo español y quizá, el mayor experto de su tiempo en ortópteros.
Aunque desde muy joven se sintió atraÃdo por la naturaleza, su familia no veÃa prometedor que el joven Ignacio se matriculara en la carrera de Ciencias Naturales, asà que lo hizo también en la madrileña Facultad de Derecho. Ello hizo que terminara ambas licenciaturas y, a pesar de los deseos de sus parientes, BolÃvar sólo se dedicó al estudio de las Ciencias Naturales, de las que vivió sin pasar apuros económicos y con las que obtuvo un merecido prestigio nacional y allende nuestras fronteras.
Fue alumno de Laureano Pérez Arcas (1822-1894), catedrático de ZoologÃa, que influyó decisivamente en su vida cientÃfica. En 1871 se crea la Sociedad Española de Historia Natural, y el citado profesor es uno de los socios fundadores e Ignacio, con sólo 20 años, es otro. Muchos años más tarde, en 1920, Ignacio BolÃvar es nombrado Presidente Honorario de dicha sociedad.
En 1873 obtiene el tÃtulo de Licenciado en Ciencias, sección de Ciencias Naturales, y el año siguiente se doctora con una tesis sobre la fauna ibérica de los ortópteros, grupo de insectos al que dedicó gran parte de su vida cientÃfica y en el que fue y es un punto de referencia obligada.
En 1875 obtuvo por oposición la plaza de ayudante de ZoologÃa del Museo de Ciencias Naturales y en 1876 inicia la publicación por entregas, en los Anales de la Sociedad Española de Historia Natural, de una de sus obras más significativas: “Sinopsis de los ortópteros de España y Portugal”; estos artÃculos fueron apareciendo durante tres años.
Al desdoblarse en dos la cátedra de ZoologÃa de invertebrados de la Facultad de Ciencias (una de EntomologÃa y otra dedicada al resto de los animales), obtuvo por oposición la de insectos en 1877.
Su labor sobre los insectos españoles y muy concretamente sobre los ortópteros le hizo ser una autoridad cientÃfica reconocida internacionalmente y asÃ, de las más diferentes regiones del mundo (Angola, Borneo, las Azores, Borneo, etc.) le remitieron ejemplares procedentes de expediciones cientÃficas con el fin de que el biólogo madrileño publicara los resultados.
En 1884 vio la luz otro importante estudio sobre los artrópodos que se encontraban en el madrileño Museo de Ciencias Naturales y que formaban parte de los materiales de la Expedición al PacÃfico (1862-1865), que fue realizada por un grupo de cientÃficos españoles dirigidos por Marcos Jiménez de la Espada (1831-1898).
BolÃvar querÃa crear un sustrato cientÃfico para resolver determinados problemas económicos. AsÃ, en 1887 logró que se fundara una Comisión Permanente para el Estudio Entomológico de España, en la que se habrÃan de investigar asuntos de interés para nuestros bosques y agricultura. Sus Estudios entomológicos, que aparecieron entre 1912 y 1918, son el resultado de un gran número de sus investigaciones. Multitud de insectos tienen de nombre especÃfico el del entomólogo español.
En 1901 fue nombrado director del Museo de Ciencias Naturales de Madrid y con él, esta institución cientÃfica vivió la etapa de más actividad intelectual desde su creación, en los últimos años del siglo XVIII. Él era, además de director, Jefe de la Sección de EntomologÃa, pero procuraba que todas las demás tuvieran también el personal y los medios necesarios para desempeñar su trabajo con un nivel cientÃfico elevado. Durante su administración, BolÃvar condujo al Museo a su renovación, aumentó las colecciones zoológicas y documentales y promovió la organización de cursos y seminarios, que favorecieron toda la actividad cientÃfica que se realizó en el Museo. Ejemplo de ello fue el establecimiento del laboratorio de BiologÃa de Antonio de Zulueta Fernández (1885-1971), donde se practicó y difundió la genética experimental de corte clásico. En este sentido hay que decir que con BolÃvar se formó un grupo de discÃpulos entre los que se encuentran José Fernández NonÃdez (1892-1947), Enrique Rioja (1895-1963) y, el ya citado, Zulueta.
En 1915 ingresó como académico de la Real Academia de Ciencias Exactas, FÃsicas y Naturales, aunque habÃa sido elegido académico 17 años antes; en 1928 obtuvo la más importante de las distinciones de la citada institución: la Medalla Echegaray; en 1931 ingresó en la Real Academia Española; también fue miembro de la Junta para la Ampliación de Estudios: tras la muerte de Ramón Cajal en 1934, pasó a desempeñar de forma interina la Presidencia, en la que fue confirmado en 1935; fue director del JardÃn Botánico de Madrid (1921-1930); era uno de los 25 foreing members de la Sociedad Zoológica de Londres; Doctor honoris causa por la Universidad de Pittsburg, etc.
En 1925 aparece la revista Eos, una publicación dedicada a la EntomologÃa donde vertieron sus trabajos los mejores especialistas españoles y extranjeros y que fue impulsada por Ignacio BolÃvar y por su hijo Cándido (1897-1976), también entomólogo. En esta revista también tienen su lugar, además de la taxonomÃa de los insectos, su genética, citologÃa, etc.
Diez años después, se reúne en Madrid el VI Congreso Entomológico Internacional, que preside el entomólogo madrileño y que vino a ser una especie de reconocimiento internacional a su labor en el mundo de los insectos. No en vano, habÃa escrito más de 300 libros y monografÃas y descubierto más de mil especies nuevas y unos 200 géneros nuevos. En este sentido hay que recordar que era Socio de honor de las Entomológicas de Boston, Bélgica, Francia, Bohemia, Brasil, Estocolmo y Londres, de la Real Zoológica de Bélgica y de la Portuguesa de Ciencias Naturales de Lisboa.
Su pasión por la ciencia le acompañó toda su vida. Antonio Machado en unas lÃneas de Juan de Mairena escribe del entomólogo madrileño: “insigne BolÃvar, cazando saltamontes a sus setenta años, con general asombro de las águilas, los buitres y los alcotanes de la cordillera carpetovetónica”.
Durante la Guerra Civil se exilió al sur de Francia y finalmente a México, donde realizó su última aventura cientÃfica: la edición de Ciencia. Revista hispano-americana de Ciencias puras y aplicadas. En la capital de esta nación fue nombrado Doctor honoris causa de la Universidad Nacional Autónoma de México y en ella falleció el 19 de noviembre de 1944

