Cómo funciona
Una especie es un grupo de individuos que se cruzan, o podrían cruzarse, y tienen descendencia fértil, es decir, hijos que a su vez pueden tener hijos. La mayoría de los perros, aunque sean de razas muy distintas, pueden cruzarse y tener crías fértiles, y por eso forman una sola especie. La yegua y el burro tienen una cría, la mula, que es estéril y no puede tener hijos. Al hijo de dos especies distintas se le llama híbrido.
Formar una especie nueva, lo que en biología se llama especiación, consiste en que una especie original dé lugar a dos. Para eso tienen que formarse dos grupos separados, las poblaciones, y dejar de poder cruzarse entre sí.
El proceso se parece a lo que le ocurre al habla de dos pueblos vecinos. Mientras la gente va y viene, una palabra nueva de un pueblo llega pronto al otro y los dos hablan igual. Si un día dejan de tratarse, cada uno inventa sus palabras y cambia su acento. Con tiempo suficiente, los nietos de unos ya no entienden a los nietos de los otros.
En una especie, el papel de las palabras lo hacen las variantes de los genes. Pasan de unos individuos a otros cada vez que dos se cruzan. Un camino hacia una especie nueva empieza cuando una barrera física corta ese trasiego. Un río se divide en dos brazos, o unos pocos individuos llegan a una isla y no pueden regresar.
Desde ese momento, a cada población le pasa lo que a cada pueblo con su habla. A los dos lados de la barrera el lugar no es igual, por ejemplo en el clima. En cada sitio sobreviven y crían más los individuos que mejor encajan allí, y a eso se le llama selección natural. El azar también cuenta, sobre todo si la población es pequeña. Una variante puede volverse más o menos frecuente sin ser mejor ni peor, y eso es la deriva genética. Los cambios casuales en los genes, las mutaciones, se quedan en la población donde aparecen.
Pasado el tiempo suficiente, aparecen diferencias que dificultan el cruce o lo impiden, y esa situación recibe el nombre de aislamiento reproductivo. Unas veces el fallo llega antes de que haya cría. Los dos grupos se reproducen en épocas distintas, o ya no responden a las señales con que el otro busca pareja. Cada especie de luciérnaga tiene su patrón de luz, y las hembras no reconocen los ajenos. Otras veces hay apareamiento, pero la cría no llega a desarrollarse o nace estéril, como la mula.
La especie nueva existe cuando los dos grupos no tendrían descendencia fértil aunque volvieran a juntarse. Si se mezclan antes de llegar a ese punto, lo más probable es que el proceso se frene. Les pasaría como a los dos pueblos si recuperasen el trato cuando todavía se entienden.
Otro camino no necesita barrera y es mucho más rápido. Cada célula guarda sus genes en unos paquetes, los cromosomas, y el conjunto completo de esos paquetes es un juego. Al fabricar las células de la reproducción, reparte sus cromosomas entre ellas. A veces el reparto falla y una sola célula se queda con todos los cromosomas. El descendiente nace entonces con uno o varios juegos de cromosomas de más, lo que se conoce como poliploidía. Ese individuo solo puede cruzarse con otros como él, y no con la especie de la que procede.
Más de la mitad de las especies de plantas estudiadas descienden de alguna que surgió de este modo. El fallo es mucho más común en las plantas que en los animales, donde suele ser mortal. El trigo del pan y el algodón de las camisetas proceden de plantas que reunieron los cromosomas de dos especies cruzadas.