Cómo funciona
Un árbol sirve de imagen. Cada hoja es una especie, un conjunto de poblaciones que evoluciona por separado de las demás. Las hojas salen de ramitas, las ramitas de ramas más gruesas, y así hasta las que arrancan del tronco. Clasificar consiste en decir de qué ramita y de qué rama cuelga cada hoja.
Cada grosor de rama tiene nombre. De la hoja hacia el tronco van la especie, el género, la familia, el orden, la clase, el filo y el reino. En las plantas, el filo se llama también división. Cada grupo contiene a los de abajo, como una rama contiene todo lo que brota de ella.
Lo que decide es de dónde nace cada hoja. Carl Linneo ya ordenaba las especies en grupos bajo grupos en el siglo XVIII. Charles Darwin explicó en 1859 la causa: descender de antepasados comunes. Un grupo equivale a una rama: un antepasado común y las especies que descienden de él.
El parecido por fuera engaña. Darwin señalaba que la ballena y el pez se parecen por fuera sin que eso valga para clasificarlos, porque viven de un modo semejante y no por ser parientes cercanos. Para clasificar servían mejor los órganos menos ligados a la forma de vivir. Y el macho y la hembra de una especie van juntos aunque difieran mucho, porque ahí cuenta la descendencia.
Cada hoja lleva además su etiqueta, un nombre científico de dos palabras latinas, un sistema que fijó Linneo. La primera, con mayúscula, da el género, la ramita de especies muy emparentadas, y las dos juntas nombran la especie: la humana es Homo sapiens. Se escribe en cursiva para que se vea de un vistazo.
Por encima del reino están las ramas más gruesas, los dominios de la vida celular: las bacterias, las arqueas y los eucariotas. Los eucariotas toman el nombre del griego «eu», bueno o verdadero, y «karyon», núcleo, y son los seres con núcleo en sus células; entre sus reinos están los animales y las plantas. Los virus no son células y tienen una clasificación propia, también de grupos dentro de grupos.
Bacterias y arqueas son microbios sin núcleo, y por eso se juntaban con un mismo nombre, procariotas. Durante décadas dominó el reparto en dos grandes grupos, procariotas y eucariotas. Las arqueas lo rompieron. Se comparó una pieza de los ribosomas, que intervienen en fabricar las proteínas y existen en todos los seres vivos: el ARN ribosómico. El de las arqueas resultó muy distinto del de bacterias y eucariotas, y la vida celular pasó de dos grandes partes a tres.
No tener núcleo no basta para ser parientes. Las arqueas se parecen a los eucariotas en parte de la maquinaria con la que leen y copian sus genes, y estudios posteriores las situaron más cerca de los eucariotas que de las bacterias.
El número de reinos también ha ido cambiando. El primer sistema tenía dos, plantas y animales. Después se separaron grupos y se añadieron los hongos, hasta llegar a cinco reinos: moneras, sin núcleo; protoctistas, con núcleo pero sin tejidos; hongos; plantas, y animales. Ese esquema no sigue del todo el parentesco, porque las moneras juntan a bacterias y arqueas, que hoy son dos dominios. Por eso, en la clasificación actual, los reinos quedan por debajo de los dominios. La clasificación cambia así cuando se conoce mejor el parentesco.