Cómo funciona
La viruela era una enfermedad grave que se contagiaba de una persona a otra. Desde hace miles de años se sabía que quien la superaba no volvía a padecerla. El cuerpo quedaba protegido para la siguiente vez.
Las vacas sufrían una enfermedad parecida a la viruela, pero mucho más leve, la viruela vacuna. Quienes las ordeñaban podían contagiarse y la pasaban sin gravedad. Edward Jenner, un médico inglés nacido en 1749, se fijó en que esas personas quedaban después a salvo de la viruela.
El método de la época consistía en contagiar viruela auténtica, y Jenner buscaba algo más seguro. Las personas que ordeñaban le dieron la pista. Quizá un microbio poco dañino bastaba para proteger frente a otro mucho peor, y eso se podía comprobar.
El niño de la prueba de 1796 no enfermó de viruela. Jenner le había puesto antes material de una herida de viruela vacuna, y el niño lo pasó con algo de fiebre y pocas ganas de comer. Después le puso material de heridas de viruela humana, y no ocurrió nada.
El método se llamó vacunación porque lo que protegía venía de la enfermedad de las vacas. La raíz latina vacca es la misma que se lee en las bandejas de «carne de vacuno» del supermercado. Vacuna significaba, al pie de la letra, «de la vaca».
El experimento salió bien porque los dos virus son parientes cercanos y se parecen mucho. Las defensas que aprenden a reconocer el virus de las vacas reconocen también el de la viruela humana. Pasa algo parecido cuando se conoce a una persona y, días después, se reconoce por la calle a su hermano solo por el parecido.
Las defensas del cuerpo responden despacio la primera vez que se encuentran con un microbio. Durante esa primera respuesta se fabrican unas células que guardan el recuerdo del microbio, las células de memoria. Si el mismo microbio, o uno muy parecido, aparece otra vez, esas células lo reconocen y la respuesta llega rápida y fuerte.
Un simulacro de incendio en el instituto funciona de forma parecida. La primera vez la clase tarda en encontrar la salida. La segunda, todos conocen el camino y el edificio se vacía mucho antes.
El método de Jenner llevó a otros científicos a crear vacunas contra otras enfermedades, como la polio, el tétanos o el sarampión. Ninguna de esas enfermedades tiene relación con las vacas, pero la palabra se quedó. Hoy una vacuna contiene un microbio debilitado o inactivado, o solo algunas piezas clave de él. Con eso las defensas se activan y guardan memoria sin que la persona pase la enfermedad.