En una frase
La implantación es la entrada del embrión en la pared del útero. Exige que esa pared esté preparada. A esa preparación se la llama receptividad endometrial: la capacidad del endometrio de dejar que el embrión se sitúe, se adhiera, lo penetre y se implante, pero solo en un momento específico.
Cómo funciona
Hacen falta dos protagonistas. Uno es el blastocisto: el embrión en sus primeros días, una pequeña esfera de células. El otro es el endometrio, la capa interna del útero, que cambia a lo largo del ciclo menstrual.
La secuencia tiene cuatro pasos: el blastocisto se sitúa, se pega a la superficie, la atraviesa y queda implantado. Todo depende del calendario. El endometrio solo lo permite durante la ventana de implantación, un intervalo limitado del ciclo.
El encuentro ocurre en un medio líquido. El fluido uterino es una mezcla de secreciones de las glándulas del endometrio, líquido filtrado desde el plasma de la sangre y fluido procedente de las trompas. Rodea al blastocisto antes de la implantación y durante ella.
Ese líquido contiene señales. Lleva citocinas y quimiocinas, proteínas que sirven de mensajes entre células, y también proteasas, enzimas que cortan otras proteínas, junto a antiproteasas, que las frenan. Estas sustancias regulan procesos relacionados con la implantación del blastocisto.
Hay además exosomas: vesículas diminutas que las células liberan con proteínas y material genético dentro. Las proteínas de los exosomas del fluido uterino se asocian a los procesos básicos de la implantación: la adhesión entre células, la migración en una dirección, el comportamiento invasivo y la remodelación de la matriz extracelular, el andamiaje que sostiene a las células de un tejido.
El endometrio cambia también por dentro. En exosomas obtenidos del endometrio se compararon dos momentos del ciclo, contados desde el pico de la LH (la hormona luteinizante, cuyo aumento brusco desencadena la ovulación): siete días después frente a dos días después. En el segundo momento, 942 genes estaban más activos y 1.305 menos.
La energía también cuenta. El endometrio tiene receptores de insulina, y su metabolismo de la glucosa es esencial para mantener la receptividad. Si ese tejido se vuelve resistente a la insulina, los GLUT, las proteínas de la membrana que dejan entrar la glucosa en la célula, no responden bien. El equilibrio local de glucosa se altera.