Cómo funciona
Una planta fabrica su propia comida. Usa la luz del sol, que capta con el pigmento verde de sus hojas, y a ese trabajo se le llama fotosíntesis. Un hongo no tiene ese pigmento ni las piezas de la célula que lo guardan, de modo que la luz no le da de comer.
El moho que crece sobre una rebanada de pan no la muerde ni la traga. Vierte sus jugos digestivos sobre la miga, la deshace allí mismo y absorbe el resultado. Es como si tuviera el estómago por fuera. Un animal hace lo contrario, porque primero traga y después digiere. En lo que coinciden es en que los dos necesitan comida ya hecha.
Esa forma de comer explica cómo es su cuerpo. Un hongo está hecho de hilos tan finos que, sueltos, solo se ven con microscopio. Cada hilo es una hifa. Juntas forman una maraña, el micelio, que se extiende por el suelo o por la materia que el hongo está deshaciendo.
El micelio es la parte del hongo que come. Al estar hecho de hilos, tiene muchísima superficie en contacto con la comida, y por toda ella absorbe. Un cuerpo compacto tocaría mucha menos comida.
Un tronco caído en el bosque se ablanda y se deshace porque los hongos se lo están comiendo. Sus jugos convierten la madera muerta en un azúcar que el micelio absorbe, y los materiales del tronco vuelven al entorno. Esa es la dieta de la mayoría de los hongos, restos muertos y casi siempre de plantas.
La seta es solo una parte del hongo. Lo que se compra en una bandeja de champiñones es el fruto, igual que una manzana no es el manzano. El hongo que lo produjo es un micelio que crece bajo tierra.
La seta sirve para la reproducción. Los hongos se reproducen con esporas, unas células diminutas que hacen de semilla. Son más pequeñas y ligeras que una semilla, y viajan con el viento o pegadas a los animales.
Por dentro, el hongo también se aleja de las plantas. Sus células tienen una pared gruesa y rígida, como las de una planta, pero hecha de otro material, la quitina. Es el mismo material que forma el caparazón de los insectos.
La reserva de energía tampoco coincide. Las plantas guardan almidón. Los hongos guardan su azúcar de reserva en forma de glucógeno, que es lo mismo que usan los animales.
El material genético apunta en la misma dirección. Al compararlo, los hongos quedan más cerca de los animales que de las plantas. Aun así no son animales, y tienen su propio grupo entre los seres vivos, el reino de los hongos.