Cómo funciona
Una micorriza es un hongo y una raíz que viven unidos de forma estable. El hongo no ataca a la planta: a menudo los dos salen ganando. Se parece al trato entre dos vecinos. La planta sabe cocinar, porque fabrica azúcar con la luz, pero está clavada en su sitio. El hongo no cocina, pero sale a hacer la compra por el suelo y cobra en comida.
El hongo que hace esa compra no tiene forma de seta. Es una maraña de hilos finísimos que se extiende por la tierra. Cada hilo se llama hifa. La maraña entera es el cuerpo real del hongo, el micelio, y casi nunca se ve porque está enterrada.
En la raíz, el hongo se instala de dos maneras principales. Unos hongos cubren la punta de la raíz con una funda de hilos, el manto. Otros entran en las células de la raíz y forman dentro unas ramitas finas, con forma de arbolito, los arbúsculos. Ahí, dentro de la célula, se hace el intercambio.
La planta entrega azúcares, que fabrica gracias a la luz. El hongo devuelve lo que ha recogido lejos de la raíz: sobre todo fosfato y nitrógeno, que son como el abono que la planta saca de la tierra. Los hongos que forran la raíz aportan además agua. El azúcar va de la planta al hongo, y los nutrientes, del hongo a la planta.
La planta no gana solo alimento. Las plantas con micorriza suelen resistir mejor las enfermedades. También aguantan mejor que las demás la sequía, el calor y la sal.
El trato no siempre compensa a la planta. Según qué hongo se junte con qué planta, la planta crece más, igual o menos. En casi la mitad de las combinaciones de hongo y planta, la planta crece menos de lo que crecería sola. El hongo también gasta, y a veces el vecino que hace la compra se queda con más de lo que trae.
Más de nueve de cada diez plantas con raíz, tallo y hojas forman micorrizas. Además, el trato es antiguo: tiene cientos de millones de años.