Introducción · En inglés
Basic Virology
Edward K. Wagner, Martinez J. Hewlett
Wiley & Sons, Limited, John, 2021
El virus del papiloma humano se transmite por contacto de piel con piel durante el sexo. Casi siempre desaparece solo, sin dejar rastro. Pero no siempre: cuando la infección persiste, algunos de sus tipos pueden derivar, años después, en cáncer de cuello del útero. Ese cáncer se detecta a tiempo. Y en buena parte se previene con vacunas.
El VPH no es un virus: es una familia. Más de doscientos tipos, pequeños, que guardan su información genética en forma de ADN y que infectan la piel y las mucosas. De esa familia, unos pocos tipos pueden provocar cáncer. Sobre todo, el de cuello del útero.
El virus. Mide entre 52 y 55 nanómetros; un nanómetro es la millonésima parte de un milímetro. No tiene envoltura: su ADN viaja protegido solo por la cápside, una cubierta hecha de proteínas.
Las cápsides de los distintos tipos se parecen tanto que no sirven para distinguirlos. Lo que los separa está en el ADN: ahí se definen los genotipos. Se conocen más de 200. Se ordenan según su riesgo oncológico, es decir, su capacidad de causar cáncer.
La Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC) considera carcinógenos, de alto riesgo, a los tipos 16, 18, 31, 33, 35, 39, 45, 51, 52, 56, 58, 59 y 66. Otros, como el 6 y el 11, son de bajo riesgo.
Cómo llega. Todos los VPH se transmiten por contacto de piel con piel, por las mucosas, por material contaminado o de la madre al feto. Entre treinta y cuarenta tipos pasan normalmente por contacto sexual e infectan la región anogenital, sobre todo en el sexo vaginal, oral o anal. No se propaga por la sangre, la saliva ni los fluidos corporales. Y se transmite aunque no haya ningún síntoma visible.
Qué pasa después. Casi siempre, nada que se note. La mayoría de las infecciones no da síntomas y la mayoría de las personas infectadas no lo sabe. En mujeres jóvenes, el 70 % de las infecciones desaparece en un año y el 90 % en dos: el propio sistema de defensas las elimina.
El problema empieza cuando la infección persiste, algo que ocurre en entre el 5 y el 10 % de las mujeres infectadas. Entonces existe el riesgo de que aparezcan lesiones precancerosas en el cuello del útero, la parte baja del útero que se abre a la vagina. Una lesión precancerosa es un grupo de células alteradas que todavía no son cáncer pero pueden llegar a serlo. El paso a cáncer invasivo, el que ya penetra en los tejidos, suele tardar entre 15 y 20 años.
Dentro de la célula. Los tipos de alto riesgo fabrican dos proteínas, E6 y E7, que destruyen a p53 y a pRb. Estas dos son proteínas supresoras de tumores: frenos que impiden que la célula se divida sin control. Sin esos frenos, el ciclo de división se desajusta y las células se multiplican sin límite.
El entorno. En una vagina sana dominan las bacterias del género Lactobacillus, entre el 50 y el 90 % de los microorganismos. Las mujeres cuya microbiota vaginal no está dominada por Lactobacillus, o lo está por la especie Lactobacillus iners, presentan entre dos y tres veces más probabilidad de tener VPH de alto riesgo y lesiones del cuello del útero. Es una asociación: los datos sugieren que el entorno vaginal también influye en que la infección persista o no, pero no lo demuestran.
Detectar y tratar. La citología o test de Papanicolaou (pap) busca células anormales que podrían volverse cancerosas. La inspección visual del cuello del útero con ácido acético revela verrugas y otros crecimientos anormales como manchas blancas. Los tests de ADN del VPH son más sensibles que ambos. Las células anormales se eliminan con un procedimiento simple: un asa cauterizante o la congelación, llamada crioterapia.
Prevenir. Las vacunas Cervarix y Gardasil impiden la infección por los tipos 16 y 18. Gardasil protege además contra los dos tipos que causan el 90 % de las verrugas genitales. Los CDC, la agencia de salud pública de Estados Unidos, recomiendan vacunar entre los 11 y los 26 años.
Esquema · proceso
Esquema · bifurcación
Comparación
| Aspecto | Alto riesgo | Bajo riesgo |
|---|---|---|
| Tipos ejemplo | 16, 18, 31, 33, 35, 39, 45, 51, 52, 56, 58, 59, 66 | 6 y 11 |
| Qué pueden causar | Lesiones precancerosas y cáncer de cuello de útero | Verrugas genitales |
| Proteínas que fabrican | E6 y E7, que degradan p53 y pRb | No descritas como oncogénicas |
| Prevención por vacuna | Cervarix y Gardasil protegen contra los tipos 16 y 18 | Gardasil cubre los tipos causantes del 90% de verrugas |
La pista llegó de una comparación sencilla. Las tasas de cáncer de cuello del útero eran mayores en las prostitutas que en las monjas. Eso apuntaba a algo que se contagiaba por vía sexual.
El médico alemán Harald zur Hausen identificó al VPH como una causa de cáncer cervical y recibió por ello el Premio Nobel de Medicina en 2008. Hoy se sabe que la infección por VPH es la causa principal de casi todos los casos. Solo el tipo 16 causa entre el 41 y el 54 % de ellos.
En Estados Unidos, hace cincuenta años, el cáncer cervical era la principal causa de muerte de las mujeres. La tasa de fallecimientos se ha reducido en dos tercios y hoy ocupa el octavo lugar. Aun así, el 11 % de las estadounidenses no se hace el pap. Su probabilidad de tener este cáncer aumenta mucho.
Fuera de los países ricos el panorama es otro. Entre el 80 y el 85 % de las muertes por cáncer cervical ocurre en países en desarrollo.
«Tener VPH es tener cáncer». No. Es una infección muy común: se calcula que, a los 50 años, el 80 % de las mujeres estadounidenses habrá contraído al menos un tipo genital. La gran mayoría desaparece en uno o dos años. Solo cuando persiste, en un 5 a 10 % de las mujeres infectadas, aparece el riesgo de lesiones precancerosas, y el camino hasta el cáncer suele durar de 15 a 20 años, tiempo para detectarlo y tratarlo.
«Si no hay síntomas, no hay contagio». Tampoco. El virus se transmite aunque la persona infectada no tenga signos visibles. Lo que no lo transmite es la sangre, la saliva o los fluidos corporales: el contagio es por contacto directo de piel con piel.
«El VPH es un solo virus; si ya lo pasé, estoy protegida». Son más de 200 tipos, y la defensa del cuerpo contra ellos es específica de cada tipo. Una persona puede volverse resistente a uno y seguir expuesta a los demás. Por eso tampoco todos son iguales: los tipos 1 y 2 causan verrugas comunes en la piel, mientras que el 16 o el 18 pueden desencadenar cáncer.
Datos de estudios de laboratorio en condiciones controladas. No son pautas de uso ni consejos de salud para personas, animales u objetos. Si tienes un problema de salud, consulta a un profesional.
Gráfico
Introducción · En inglés
Edward K. Wagner, Martinez J. Hewlett
Wiley & Sons, Limited, John, 2021
Universitario · En inglés
Arie J. Zuckerman
John Wiley & Sons, Ltd., 2004
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