Cómo funciona
En un prado hay hierba, conejos, zorros, insectos y bacterias. También hay lluvia, luz, suelo y temperatura. El ecosistema es todo eso junto, lo vivo y lo que no vive, con las relaciones que los unen. La parte sin vida decide quién puede vivir allí, según el clima, la altitud y el tipo de terreno.
La relación más importante entre los habitantes del prado es comer. El conejo se come la hierba y el zorro se come al conejo. Esa línea de quién se come a quién se llama cadena alimentaria. Por ella pasan de un ser vivo a otro la materia y la energía.
La energía entra en el prado por la hierba. La hierba no come nada y fabrica su propio alimento con la luz del sol. Los seres vivos que fabrican su alimento, como las plantas y las algas, son los productores y están en la base de la cadena.
El conejo y el zorro no saben hacer eso y tienen que comer a otros, así que son consumidores. Cada uno ocupa un escalón por encima de la hierba, primero el que come plantas y después el que come animales.
La energía de la hierba no llega entera al zorro. La propia hierba gasta una parte en mantenerse viva. El conejo tampoco aprovecha todo lo que traga, y una parte sale sin usar en sus excrementos.
El gasto mayor del conejo es vivir, es decir, moverse, respirar y mantenerse caliente. Esa energía acaba convertida en calor y se escapa al aire. Lo mismo pasa en el cuerpo de una persona, que sigue caliente en invierno gracias a lo que come.
Al zorro solo le llega lo que el conejo guardó en su propio cuerpo, que es poco. Se parece a pasar agua de un cubo a otro con las manos. En cada traspaso se cae una parte y el último cubo recibe muy poca.
Las cadenas son cortas por esa pérdida. Después de cuatro a seis pasos ya no queda energía para alimentar un escalón más. En el prado hay mucha hierba, bastantes menos conejos y muy pocos zorros. Si se dibujan los escalones según su energía, sale siempre una pirámide ancha por abajo y estrecha por arriba, nunca al revés.
Cuando la hierba, el conejo o el zorro mueren, entran en juego unas bacterias y unos hongos que se alimentan de la materia muerta, los descomponedores. Devuelven esa materia al suelo y la hierba la vuelve a usar, como ocurre con las hojas caídas en otoño. La materia da vueltas y la energía solo va en un sentido.
Una sola línea se queda corta para describir el prado. Muchas especies comen en varios escalones y a muchas se las comen varios animales distintos. El dibujo con todos esos cruces es la red alimentaria.
Un incendio que empieza con un rayo cambia quién vive en un bosque. También lo cambia un año con menos lluvia. Los cambios del ambiente que alteran así un ecosistema se llaman perturbaciones. Las personas causan las suyas, como talar un bosque o pescar demasiado, y hoy pesan tanto como las naturales.
Ante un golpe así, un ecosistema puede aguantar casi sin cambiar. Si cambia, puede volver a su estado anterior, y la rapidez con que lo hace es su resiliencia. Tras un incendio, el terreno se cubre primero de hierbas, después de arbustos y por fin de árboles. Si el golpe es demasiado fuerte, el ecosistema pierde esa capacidad y queda alterado para siempre.