Cómo funciona
Un cuerpo vivo está hecho de la misma materia que una piedra o que el aire. Si esa materia se divide una y otra vez, se llega a unas piezas diminutas, los átomos. Hay muchas clases de átomos, y cuatro de ellas están en todos los seres vivos. Son el oxígeno, el carbono, el hidrógeno y el nitrógeno.
Los átomos se enganchan unos a otros y forman grupos, las moléculas. El agua es una molécula con átomos de oxígeno y de hidrógeno. Ocurre como en un juego de construcción, donde con pocos tipos de pieza se montan figuras muy distintas.
Una reacción química es un cambio en el que los átomos se reorganizan. En el juego de construcción equivale a desmontar una figura y montar otra con las mismas piezas. Al acabar hay los mismos átomos que al empezar, porque ninguno se crea ni se destruye. Dentro de un ser vivo las reacciones van encadenadas, y lo que sale de una suele ser el material de partida de la siguiente.
Casi todas esas reacciones ocurren en agua, la que llena el interior de las células, los compartimentos diminutos que forman el cuerpo. El agua supone entre el 60 y el 70 % del cuerpo humano.
La carga eléctrica es lo que hace que un globo frotado contra el pelo se quede pegado a él. Hay carga positiva y carga negativa, y las de signo contrario se atraen. En los átomos, la carga negativa está en unas partículas diminutas que los rodean, los electrones.
En la molécula de agua, el oxígeno y el hidrógeno comparten electrones, pero el oxígeno tira de ellos con más fuerza. El lado del oxígeno queda algo negativo y el del hidrógeno, algo positivo. La molécula tiene así dos polos, como un imán pequeño. Lo positivo de un lado compensa lo negativo del otro, y a la molécula entera no le sobra ni le falta carga.
El lado positivo de una molécula de agua atrae al lado negativo de la vecina. Es una atracción floja, que se rompe con facilidad, y se llama enlace de hidrógeno. Hay tantas a la vez que juntas suman una fuerza grande, y por eso el agua se mantiene unida.
Los dos polos sirven además para disolver, que es deshacer una sustancia en partículas tan pequeñas que dejan de verse. Las moléculas de agua rodean a las partículas que tienen carga o polos. Con los aceites y las grasas el agua no se mezcla, y por eso una sartén grasienta no queda limpia solo con agua.
El carbono es la pieza con más enganches del juego. Las moléculas enormes de las células tienen un armazón de carbono. Cada átomo de carbono puede unirse hasta a cuatro átomos distintos a la vez, y eso permite armar cadenas, con ramas o sin ellas, y anillos. La forma que adopta cada molécula decide para qué sirve.
Dos de esas moléculas enormes son las proteínas y el ADN. En las dos trabajan también los enlaces de hidrógeno. Ayudan a cada proteína a conservar su forma y mantienen unidas las dos hebras que forman el ADN.