Divulgación · En inglés
Catastrophes and lesser calamities
Anthony Hallam
Oxford University Press, 2005
Ensayo de divulgación sobre las grandes extinciones biológicas y su relación con catástrofes geológicas a lo largo de la historia de la Tierra.
Una extinción masiva es la desaparición de más de la mitad de las especies del planeta en un tiempo corto para la edad de la Tierra. Ha ocurrido cinco veces, y tras una pérdida así la vida tarda millones de años en recuperar su variedad.
Una extinción masiva es una pérdida enorme y rápida de seres vivos, en la que más de la mitad de las especies dejan de aparecer en los fósiles.
Esquema · proceso
Una especie se extingue cuando desaparece del todo y ya no queda ningún individuo. Ocurre siempre, sin necesidad de catástrofes. A ese goteo normal se le llama extinción de fondo. De cada millón de especies se pierde más o menos una al año.
Al mismo tiempo nacen especies nuevas, un proceso lento que se llama especiación. El número de especies del planeta se comporta como el agua de una bañera con el grifo abierto y el desagüe a medio tapar. El grifo son las especies que nacen y el desagüe, las que se pierden. Mientras entra tanta agua como sale, el nivel se mantiene.
En una extinción masiva el desagüe se abre de golpe. Se pierden muchas más especies de las que nacen y el nivel cae por debajo de la mitad en un tiempo corto para la edad de la Tierra.
Las cinco extinciones masivas se conocen por las rocas. Cada capa de roca, llamada estrato, corresponde a una época y guarda restos de los seres que vivían entonces, los fósiles. El conjunto de todos los fósiles se llama registro fósil.
Una extinción masiva se reconoce porque, de una capa a la siguiente, dejan de aparecer muchas especies a la vez. Los geólogos usaron esos cambios bruscos de fósiles para marcar dónde acaba una etapa de la historia de la Tierra y dónde empieza la siguiente. Por eso cada una de las cinco coincide con el final de una etapa.
Las causas fueron cambios que afectaron a todo el planeta, como el choque de un asteroide, erupciones volcánicas muy extensas o cambios del clima. Solo la más reciente tiene una causa bien entendida. Cerró la etapa llamada Cretácico, hace unos 65 millones de años. En las demás, la mayoría de las explicaciones siguen en discusión.
Después de la caída, la bañera solo puede volver a llenarse por el grifo, y el grifo gotea. Las especies nuevas nacen poco a poco y la variedad tarda millones de años en volver. Tras la última hicieron falta unos 10 millones de años.
Los huecos que dejan los desaparecidos permiten que otros grupos den lugar a muchas especies nuevas. Hace 65 millones de años desapareció la mayoría de los dinosaurios y los mamíferos ocuparon su lugar. Un grupo de dinosaurios sobrevivió y de él descienden las aves que hoy se ven desde cualquier ventana.
La pérdida actual de especies se atribuye sobre todo a la actividad humana, y hay quien la llama ya la sexta extinción masiva. La diferencia con las cinco anteriores estaría en la causa. Aquellas vinieron de desastres naturales, como un asteroide o unos volcanes, y esta vendría de una especie viva.
Comparación
| Aspecto | Cretácico | Pérmico | Sexta (actual) |
|---|---|---|---|
| Causa principal | Asteroide frente a Yucatán | Volcanes y calentamiento, no está clara | Actividad humana |
| Especies perdidas | 75 % | 96 % marinas y 70 % terrestres | 10 % a 50 % estimado para el próximo siglo |
| Grado de certeza | Causa bien entendida | Mayoría de explicaciones en discusión | No confirmada, solo estimaciones |
| Recuperación | Unos 10 millones de años | 30 millones de años en tetrápodos terrestres | Aún no ha ocurrido |
El asteroide de Yucatán. En rocas de todo el mundo hay una capa de hace unos 65 millones de años cargada de un metal, el iridio. Ese metal casi no existe en la superficie de la Tierra. Cae del espacio en cantidades muy pequeñas y siempre más o menos al mismo ritmo, como el polvo que se posa cada día sobre un mueble. Una capa con tanto iridio junto equivale a un mueble cubierto de golpe, y los cuatro investigadores que la encontraron en 1980 dedujeron que lo había traído un asteroide. En 1991 se dio a conocer un cráter tan antiguo como la capa y lo bastante grande, y el choque se sitúa frente a la península de Yucatán. Aquella extinción se llevó cerca del 75 % de las especies.
El final del Pérmico. Hace unos 250 millones de años, al acabar una etapa llamada Pérmico, los océanos se quedaron casi sin oxígeno y la mayor parte de la vida marina murió. Fue la mayor extinción de la historia de la vida. Se estima que desapareció el 96 % de las especies marinas y el 70 % de las terrestres. La causa no está clara. La explicación principal apunta a unas erupciones volcánicas muy extensas y a un calentamiento del planeta fuera de control. Los animales terrestres de cuatro patas tardaron 30 millones de años en recuperar su variedad.
Las aves desde 1500. Con las extinciones de aves que constan por escrito desde el año 1500 se ha calculado a qué ritmo se pierden hoy. Sale un ritmo unas 26 veces más rápido que el goteo normal, y puede que la cifra se quede corta. Es una cuenta hecha solo con las aves y con pérdidas que alguien anotó.
Línea de tiempo
Gráfico
«Una extinción masiva ocurre de un día para otro». Es rápida solo si se compara con la edad de la Tierra. La primera de las cinco llegó en dos golpes separados por cerca de un millón de años. Se piensa que el primero vino con un enfriamiento del clima y el segundo con un calentamiento. Otra pudo prolongarse durante un tiempo relativamente largo.
«Todas las causó un asteroide». Solo la de hace 65 millones de años tiene esa explicación bien respaldada. En las otras se barajan el clima, los volcanes o algún impacto, sin una causa cerrada.
«La sexta extinción ya está demostrada». Lo que existe son estimaciones muy distintas entre sí. Unas prevén perder entre el 10 % y el 50 % de las especies en el próximo siglo, a un ritmo comparable al de las extinciones masivas. Las pérdidas observadas de verdad son menores. Se piensa que las extinciones llegan con retraso y que la mayoría pasan sin que nadie las vea.
¿Por qué la desaparición de una sola especie, por conocida que sea, no es una extinción masiva?
Porque siempre se pierden especies, cerca de una al año por cada millón. Para que sea masiva tiene que desaparecer más de la mitad en poco tiempo.
¿Por qué una capa con muchísimo iridio hizo pensar en un asteroide?
Porque ese metal casi no existe en la superficie de la Tierra y cae del espacio poco a poco, siempre a un ritmo parecido. Encontrar tanto en una sola capa indicaba una llegada repentina desde fuera.
En la comparación de la bañera, ¿por dónde vuelve a subir el nivel después de una extinción masiva, y cuánto tardó la última vez?
Por el grifo, es decir, por las especies nuevas, que nacen poco a poco. Tras la extinción de hace 65 millones de años hicieron falta unos 10 millones de años.
¿Qué distinguiría a una sexta extinción de las cinco anteriores, y por qué no se da por confirmada?
La causaría una especie viva, la humana, y no un desastre natural. No se da por confirmada porque las cifras son estimaciones muy variables y las pérdidas observadas son menores que las previstas.
Divulgación · En inglés
Anthony Hallam
Oxford University Press, 2005
Ensayo de divulgación sobre las grandes extinciones biológicas y su relación con catástrofes geológicas a lo largo de la historia de la Tierra.
Universitario · En inglés
Richard Krooth
Rowman & Littlefield Publishers, Incorporated, 2017
Ensayo de nivel universitario sobre extinciones masivas y cambio ambiental global, que vincula la evolución con la tecnología y los desastres ecológicos provocados por el hombre.
Divulgación · En inglés
Eli J. Knapp
Torrey House Press, LLC, 2021
El profesor Eli J. Knapp analiza dieciocho fuerzas detrás de la sexta extinción masiva a través de relatos personales, episodios históricos y curiosidades de la historia natural. Combina experiencias de viaje por distintos lugares del mundo con un tono cercano y a veces humorístico para abordar un tema grave.
Divulgación · En inglés
Anthony D. Barnosky
University of California Press, 2014
El paleobiólogo Anthony D. Barnosky combina evidencia del pasado geológico y evolutivo con la situación actual para explicar el riesgo de una sexta extinción masiva. Propone repensar cómo producimos energía, alimentos y riqueza para evitar ese desenlace.