Cómo funciona
Una flor fabrica un polvillo, el polen, que lleva sus células masculinas. Es el polvillo que mancha los dedos al tocar el centro de una flor. Para que la planta tenga semillas, ese polen debe llegar a la parte femenina de una flor. Ese traslado se llama polinización.
Cuando el polen llega, de él crece un tubo fino hasta el óvulo, que es la futura semilla. Después el óvulo se convierte en semilla y la parte de la flor que lo guarda suele convertirse en fruto. Una flor a la que no llega polen, por lo general, no da fruto. La fruta de una frutería empezó casi siempre como una flor que recibió polen.
Una planta no puede moverse, así que necesita a alguien que le lleve el polen. A muchas no les sirve el suyo propio. En unas, el polen y la parte femenina maduran en momentos distintos. En otras, las flores masculinas y las femeninas están separadas, a veces en plantas diferentes.
A esas plantas les sirve el polen de otra planta de su misma especie, y ese traslado entre plantas se llama polinización cruzada. Así se mezcla el material de dos plantas distintas. Los descendientes salen variados, y no copias de una sola planta.
El repartidor suele ser un animal. Más del 80 % de las plantas con flor dependen de animales para polinizarse, y los insectos están entre los principales. Abejas, moscas, mariposas y polillas hacen ese trabajo.
El insecto no va a la flor a ayudar. Va a comer. La flor le ofrece un líquido azucarado, el néctar, y también polen, que alimenta mucho. Mientras el insecto bebe, el cuerpo se le llena de polvillo, que a las abejas se les pega al pelo.
En la flor siguiente, parte de esa carga se queda en la parte femenina. El repartidor ha cobrado en comida y la planta ha hecho su envío. Un trato así, en el que las dos especies salen ganando, se llama mutualismo.
En un campo en flor, una abeja pasa de largo ante las flores rojas, porque no ve ese color. Va a las azules y a las amarillas, que abren de día y huelen. Una mosca busca otra cosa, y las flores que la atraen son de colores apagados y huelen a carne podrida. Cada flor se anuncia para su repartidor.
Muchas flores llevan además dibujos en los pétalos que señalan el centro, donde está la comida. Esos dibujos solo se ven con luz ultravioleta, un tipo de luz que las abejas y las mariposas ven y el ojo humano no.
Los insectos también se comen las plantas, y las plantas se defienden, por ejemplo con espinas. Con el paso de muchas generaciones, la planta cambia y el insecto que vive de ella cambia también. Ese cambio de dos especies, cada una en respuesta a la otra, se llama coevolución.
La variedad de plantas con flor y la de insectos crecieron más o menos a la vez. Hoy se conocen más de 300.000 especies de plantas con flor, y solo los insectos las superan en variedad.
Buena parte de lo que comen los animales empieza en una planta con flor. Vale también para los que comen carne, porque su presa ha comido plantas antes. Un frutal al que no llegan abejas deja muchas flores sin polinizar, y una flor sin polinizar no da semilla ni fruto. Por eso preocupa que se hayan descrito descensos de abejas melíferas, las de la miel, y colonias enteras que se vienen abajo.