Cómo funciona
Las bacterias se encuentran en aguas termales, en el hielo de la Antártida y a unos tres kilómetros de profundidad bajo el agua, donde la presión es enorme. También flotan en el aire, donde puede haber hasta 2.000 tipos distintos. Un gramo de suelo contiene hasta 10.000 millones de microorganismos, casi todos procariotas, de unas 1.000 especies. Muchas cambian con facilidad de fuente de energía según lo que haya disponible, y eso explica que ocupen tantos ambientes.
Esa versatilidad sostiene dos ciclos básicos. El primero es el del carbono. Los animales necesitan carbono en forma orgánica, es decir, incorporado a moléculas como los azúcares, y no pueden aprovechar el dióxido de carbono del aire. Los procariotas sí lo convierten en moléculas orgánicas, un proceso llamado fijación de carbono, y de ahí parte la comida de otros seres vivos.
El segundo ciclo es el del nitrógeno, un elemento que forma parte de los aminoácidos (las piezas de las proteínas) y de los nucleótidos (las piezas del ADN y del ARN). El aire contiene muchísimo nitrógeno en forma de gas, pero los eucariotas, el grupo que incluye a animales y plantas, no pueden usarlo así. Hay que «fijarlo», es decir, transformarlo en amoniaco. Los rayos y los procesos industriales lo logran sin vida de por medio. La fijación biológica, en cambio, la hacen exclusivamente procariotas: bacterias del suelo, cianobacterias (bacterias que hacen fotosíntesis) y otras. Después de la fotosíntesis, es el proceso biológico más importante de la Tierra. Aporta alrededor del 65 % del nitrógeno que se usa en agricultura, a partir de entre 100 y 180 millones de toneladas fijadas al año.
Las más eficaces trabajan en pareja con una planta. Las bacterias llamadas rizobios invaden las raíces de las leguminosas, como los guisantes, las judías, los cacahuetes o la soja, y allí forman nódulos, unos abultamientos donde se fija el nitrógeno. La enzima que lo hace, la nitrogenasa, se inutiliza en presencia de oxígeno, así que el nódulo funciona como una cámara casi sin oxígeno. Una proteína de la planta parecida a la hemoglobina, la leghemoglobina, retiene el oxígeno sobrante y deja pasar el justo para que las bacterias respiren. La planta recibe amoniaco; las bacterias, azúcares de su fotosíntesis y un refugio. Las bacterias que viven así fijan hasta diez veces más nitrógeno en el suelo que las que viven libres.
En el suelo, además, descomponen la materia orgánica y forman películas pegadas a las partículas (biofilms). Muchas se alimentan de ácidos y azúcares que sueltan las raíces y devuelven sus residuos al suelo, donde forman humus, la parte oscura y rica del terreno, y lo hacen más fértil.
También interviene el cuerpo de los animales. Cualquier relación estrecha y duradera entre dos especies se llama simbiosis. Cuando las dos salen ganando se habla de mutualismo. La bacteria intestinal Bacteroides thetaiotaomicron digiere polisacáridos (azúcares largos) de las plantas que las enzimas humanas no rompen, y los deja en azúcares simples que las células absorben. Y hay bacterias de la piel que fabrican sustancias capaces de matar a otras bacterias.
Casos
La soja y su bacteria de las raíces. La soja es una leguminosa que se asocia con la bacteria del suelo Bradyrhizobium japonicum. En sus raíces se forman nódulos donde se fija el nitrógeno. Como la planta obtiene así amoniaco de una fuente inagotable, el aire, las leguminosas se emplean como abono natural.
Un vertido de petróleo en el mar. En el mar ya viven bacterias que se alimentan de petróleo antes de que haya vertidos, de modo que cuando ocurre uno empiezan a degradarlo por su cuenta. Algunas rompen los hidrocarburos en piezas más pequeñas. Otras, como Alcanivorax borkumensis, producen sustancias que disuelven el crudo en el agua, y otras lo transforman en dióxido de carbono. En condiciones ideales se llegó a degradar hasta el 80 % de los componentes no volátiles del petróleo en un año, aunque las fracciones con anillos aromáticos o muy ramificadas persisten más tiempo. Así ocurrió en vertidos como el del Exxon Valdez, en Alaska, en 1989. Usar microbios para retirar contaminantes se llama biorremediación.
La flora del intestino y de la piel. Las bacterias que habitan el tubo digestivo digieren lo que las enzimas humanas no pueden, y algunas cepas de Escherichia coli aportan vitamina K. En la piel, Staphylococcus epidermidis se alimenta de células muertas del propio tejido y fabrica bacteriocinas, unas sustancias que matan a otras bacterias. El comensalismo es el caso en que una especie se beneficia y la otra queda indiferente, y a veces cuesta decidir si una relación es eso o mutualismo.