Cómo funciona
Para la biología, estar vivo es cumplir ocho condiciones a la vez. Dos tratan de cómo está hecho el ser vivo: tener orden por dentro y mantener estable ese interior. Tres se ven en el día a día: gastar energía, crecer y responder a lo que pasa alrededor. Las otras tres necesitan generaciones: reproducirse, evolucionar y adaptarse.
Una persona las cumple todas sin pensarlo. Come, crece, aparta la mano de una sartén que quema y tiene hijos que se le parecen. Una bacteria hace lo mismo con un cuerpo de una sola pieza.
Esa pieza es la célula, la unidad más pequeña que tiene la forma y el funcionamiento de un ser vivo. Se parece a una cocina de una sola habitación, con todo lo necesario dentro, que funciona sin ayuda de fuera.
El orden se ve en sus partes. La bacteria está envuelta en una capa fina, la membrana, que separa el interior del exterior y deja pasar unas sustancias y otras no. Dentro guarda las instrucciones para funcionar, escritas en una molécula muy larga, el ADN. Tiene también unas piezas diminutas, los ribosomas, con las que fabrica sus propios materiales.
Mantener estable el interior es un problema de agua. Dentro de la bacteria hay muchas sustancias disueltas, y el agua pasa siempre hacia el lado donde hay más sal o más azúcar disueltos. Sin freno, la bacteria se hincharía como un globo que no deja de llenarse. Por fuera de la membrana tiene una capa rígida, la pared celular, que le da forma e impide que reviente.
La bacteria gasta energía, como cualquier ser vivo. Unas bacterias toman del exterior moléculas que les sirven de alimento y otras captan la luz del sol. Con esa energía la bacteria fabrica materiales nuevos y crece, siguiendo las instrucciones de su ADN.
La bacteria responde a lo que tiene alrededor. Hay bacterias con unos filamentos rígidos en espiral, los flagelos, que giran y las empujan. Con ellos se acercan a lo que les conviene, como la comida, y se alejan de otras sustancias.
La bacteria se reproduce sin ayuda de nadie. Copia su ADN, crece, se estrecha por el centro y se parte en dos células hijas, que son copias idénticas de la primera. En algunas especies todo esto ocurre en pocos minutos.
Evolucionar y adaptarse solo se ven al cabo de muchas generaciones. A veces el ADN de una bacteria cambia. Ese cambio se llama mutación y pasa a sus hijas. Las bacterias se dividen muy deprisa y sus mutaciones son frecuentes, así que cambian en poco tiempo, y eso es evolucionar. Con las generaciones, las bacterias acaban encajando con el sitio donde viven, y eso es adaptarse.
Un virus no supera este repaso. No es una célula, porque no tiene membrana ni ribosomas. Es un paquete de instrucciones dentro de una cubierta, como una receta guardada en un sobre, sin cocina. Para copiarse tiene que entrar en una célula viva y usar la maquinaria de esa célula.
Casos
La bacteria que sigue el rastro de la comida. Una bacteria con flagelos avanza alternando trechos rectos y giros. Si cerca no hay nada que la atraiga, trechos y giros son de longitud parecida y el recorrido sale casi al azar. Cuando hay una sustancia que la atrae, como el alimento, alarga los trechos rectos y acorta los giros. No ve la comida, pero así se va acercando a ella.
La bacteria que espera miles de años. Cuando falta el alimento, algunas bacterias forman una cápsula en reposo que protege su ADN, la endospora. Aguanta sin comida ni agua, y también temperaturas extremas, radiación y productos químicos. Puede seguir así hasta miles de años. Cuando las condiciones mejoran, la endospora despierta y la bacteria vuelve a la actividad.
Ejemplo: el móvil. Un teléfono gasta energía, tiene por dentro un orden muy preciso y responde cuando alguien toca la pantalla. Son tres condiciones de las ocho. Le faltan las demás, porque no crece, no fabrica otros teléfonos y ningún cambio suyo pasa a un teléfono hijo.