Cómo funciona
Las arqueas son microbios formados por una sola célula que no tiene núcleo. A una célula así se la llama procariota, y las bacterias también lo son. Las células con núcleo, como las de los animales, las plantas y los hongos, se llaman eucariotas.
Toda la vida se reparte en tres grandes grupos, que reciben el nombre de dominios. Las bacterias ocupan uno, los seres con núcleo ocupan otro y las arqueas forman el tercero. Una arquea, por tanto, no es una clase de bacteria.
Dos casas adosadas ayudan a entenderlo. Desde la calle son iguales: la misma fachada, la misma puerta, las mismas ventanas. Con las arqueas y las bacterias ocurre algo parecido, porque al microscopio la mayoría de las arqueas no se distingue de una bacteria. Por ese parecido pasaron mucho tiempo por bacterias.
La diferencia salió a la luz a finales de los años 70. Un grupo de investigadores comparó una molécula que tienen todas las células y que cambia muy poco con el paso del tiempo. Como cambia tan despacio, sirve para medir el parentesco: cuanto más se parece la de dos seres vivos, más cercanos son. Fue como dejar de mirar las fachadas y ponerse a comparar los planos de las casas.
La comparación mostró que los microbios sin núcleo no eran un solo grupo. Eran dos, y muy distintos entre sí.
Al entrar en las dos casas aparece la primera diferencia, que está en los muros. Toda célula va envuelta en una piel fina hecha de grasas, la membrana. En las arqueas, esas grasas son de un tipo distinto del que usan las bacterias. Por fuera de la membrana puede ir una pared, y la de las arqueas no lleva el material característico de la pared de las bacterias.
La segunda diferencia está en la instalación. Una célula guarda sus instrucciones en el ADN, y para funcionar tiene que copiarlas y leerlas. La maquinaria con la que las arqueas copian y leen el ADN se parece más a la de las células con núcleo que a la de las bacterias. En la imagen de las casas, una de las adosadas tiene la instalación montada como la del edificio grande de enfrente y distinta de la de su vecina.
Las primeras arqueas se encontraron en lugares extremos por el calor, por la sal o por la acidez. Hay arqueas cerca de las fumarolas del fondo del mar, donde la temperatura supera con mucho los 100 °C. Es más calor que el del agua que hierve en una olla.
Los lugares extremos son solo una parte de su mapa. También hay arqueas en el mar abierto, en el fondo marino, en el suelo y en el intestino de animales como las vacas y las termitas.
Algunas arqueas hacen algo que ninguna bacteria hace: fabricar metano, un gas. Lo producen para obtener energía y solo donde falta el oxígeno, porque el oxígeno las mata. A estas arqueas se las llama metanógenas.