Cómo funciona
Al recordar la última fiesta de cumpleaños, la escena parece volver entera. En el cerebro no está guardada entera. Lo que se vio está en un lugar y el momento en que ocurrió, en otro.
Recordar consiste en volver a juntar esas partes. Se parece a montar un puzle cuyas piezas están repartidas por varios cajones. Cada pieza es una ocasión de error, y el puzle puede quedar montado con alguna que no era suya.
Para que haya piezas que juntar, la memoria ha hecho antes otros dos trabajos. El primero es convertir lo que se percibe en algo que el cerebro pueda guardar, y se llama codificar. Al codificar, el cerebro etiqueta la información y la conecta con lo que ya conoce. El segundo trabajo es conservar lo codificado. El tercero, el del puzle, es traerlo de vuelta.
Parte de la fiesta se codificó sola, sin esfuerzo, como el sitio donde se celebró. Otras cosas exigen atención, como la tabla periódica o los primeros acordes de una guitarra. Con la práctica, parte de una destreza pasa a codificarse sola, como le ocurre con los acordes a quien lleva años tocando.
Casi nada de lo que entró por los ojos y los oídos durante la fiesta llegó a guardarse. Un modelo propuesto en 1968 reparte el almacenamiento en tres etapas, y la primera dura como mucho un par de segundos. Es un eco brevísimo de lo que se acaba de ver u oír, la memoria sensorial. Lo que no parece valioso se descarta ahí.
Lo que sigue adelante llega a un almacén temporal, la memoria a corto plazo, donde aguanta entre 15 y 30 segundos. Caben pocas cosas a la vez. Una estimación de 1956 hablaba de entre cinco y nueve, y estudios más recientes la bajan a entre tres y cinco. El nombre de un invitado al que se acaba de conocer está en esa etapa.
Ese nombre puede pasar a la tercera etapa, la memoria a largo plazo, cuya capacidad se cree ilimitada. Ayuda repetirlo varias veces. También ayuda enlazarlo con algo que ya se sabe, por ejemplo con el nombre de una calle por la que se pasa a diario. Lo que se piensa por su significado se recuerda mejor que aquello de lo que solo se atiende al sonido.
Un recuerdo no queda fijado al instante. La actividad repetida de un grupo de células del cerebro refuerza las conexiones entre ellas, y eso lleva horas. Que el recuerdo se asiente en el conjunto del sistema lleva semanas o más. Ese fijado se llama consolidación.
En la consolidación interviene una zona que está a cada lado del cerebro, el hipocampo. Participa en los recuerdos de hechos y de sucesos vividos, como la propia fiesta.
Otra zona, la amígdala, regula emociones como el miedo. Ayuda a que un suceso que emociona, como un susto en plena fiesta, se codifique más a fondo que una tarde cualquiera.
Lo guardado a largo plazo está enlazado. Quien piensa en «playa» tiene ya medio despiertas «arena» y «verano». Activar un concepto activa un poco a los que tiene enlazados, y recordarlos cuesta menos.