Cómo funciona
Una persona pasa durmiendo cerca de un tercio de su vida. Durante ese tiempo se mueve poco y percibe menos lo que ocurre a su alrededor.
Dormir se parece en algo al hambre. El cuerpo lo pide, lo pide con más fuerza cuanto más tiempo pasa y, cuando por fin llega, recupera lo atrasado. De la comida se sabe para qué sirve. Del sueño se conoce bien la petición, pero no el motivo.
El cerebro decide cuándo toca dormir combinando dos cosas. La primera es un reloj interno, el ritmo circadiano. La segunda es la necesidad de sueño que tiene el cuerpo en cada momento. En ese control intervienen varias zonas del cerebro que trabajan a la vez.
Esa necesidad acumulada se nota después de una mala noche. Quien ha dormido poco por un viaje o una fiesta se duerme más deprisa en cuanto vuelve a tener ocasión. Es el rebote de sueño. Indica que el cuerpo no se limita a parar, sino que reclama el sueño que le falta.
Sobre el motivo hay tres explicaciones posibles que todavía no están comprobadas. En ciencia se llaman hipótesis. Son la de la memoria, la del escondite y la del ahorro de energía.
Quien duerme menos de lo que necesita atiende peor y recuerda peor. A esa falta se la llama privación de sueño. El deterioro crece cuanto más sueño se pierde. De ahí sale la hipótesis de la memoria. Plantea que el sueño importa para pensar y para formar recuerdos.
Seguir una clase después de dormir mal da una idea de ese deterioro. Cuesta más atender a la explicación y los despistes llegan antes.
No todo el sueño parece pesar igual en la memoria. Una de sus fases, que es profunda, parece esencial para que lo aprendido quede fijado como recuerdo.
Las comparaciones entre especies no dan un resultado claro sobre la hipótesis del escondite. Esta sostiene que el sueño apareció como respuesta al riesgo de ser cazado, que es mayor en la oscuridad. Unos investigadores no encuentran relación entre el peligro que corre una especie y su sueño profundo. Un estudio halló que las especies con más riesgo duermen menos horas.
Un estudio encontró que cuanta más energía se gasta, menos horas se duermen. Ese resultado va contra la hipótesis del ahorro de energía, según la cual dormir repone lo gastado durante el día. Con ella se esperaría lo contrario. La hipótesis tiene además otro problema, porque se ha señalado que para gastar poco bastaría con quedarse quieto, sin dormirse. La investigación le da poco apoyo.
Ninguna de las tres hipótesis explica por sí sola por qué dormimos. La de la memoria cuenta para qué le sirve el sueño a la mente humana. No aclara por qué otros animales duermen de maneras tan distintas.