En una frase
Decidir es sopesar posibilidades y elegir un curso de acción. Es un proceso mental especialmente expuesto a la influencia directa e indirecta de las emociones, porque estas modifican el valor que se atribuye a cada opción antes de elegir.
Cómo funciona
Qué es una emoción. En psicología, una emoción es un conjunto de estados con tres componentes: la experiencia subjetiva (lo que se siente), el comportamiento expresivo (gestos, voz, postura) y respuestas fisiológicas periféricas, es decir, cambios en el cuerpo fuera del cerebro, como el pulso o la respiración.
Qué hace al decidir. Un modelo llamado Emotion-Imbued Choice (elección impregnada de emoción) propone que el estado emocional cambia la saliencia de los resultados: cuánto destaca cada posible consecuencia. Al destacar unas y apagar otras, altera la utilidad percibida, que es el valor que una opción parece tener, y también la estrategia con que se elige.
Ese cambio de foco tiene cuatro efectos posibles. Puede distorsionar la estimación de probabilidades. Puede aumentar o reducir la sensibilidad a las pérdidas. Puede sesgar la preferencia entre lo inmediato y lo lejano. Y puede cambiar las metas.
El riesgo. Las emociones positivas, como la felicidad, tienden a volver a las personas más propensas a arriesgarse. Las negativas, como la tristeza o el miedo, aumentan la aversión al riesgo: la tendencia a preferir lo seguro aunque rinda menos.
El tiempo. El estado de ánimo afecta al descuento temporal, que es la costumbre de valorar menos una recompensa cuanto más tarde llega. Con ánimo positivo, las recompensas futuras se descuentan menos. Con emociones negativas, crece la preferencia por las ganancias inmediatas.
El freno. La regulación emocional, el conjunto de estrategias con que una persona maneja lo que siente, modera la relación entre la emoción y el resultado de la decisión. Ante señales de recompensa, una regulación eficaz reduce la conducta impulsiva o arriesgada y favorece elecciones dirigidas a una meta, sobre todo cuando la activación emocional podría llevar a una mala decisión.
Otro modelo, el de Collins y Shenhav, describe la misma mezcla desde el cerebro. El aprendizaje por refuerzo, que consiste en aprender de las consecuencias de lo que se hace, interactúa con procesos ejecutivos superiores como la planificación y la memoria de trabajo, que es la que retiene información durante unos segundos para usarla. Y esa interacción está modulada por entradas afectivas y emocionales.
La emoción no actúa sola. Rasgos estables de personalidad, la tolerancia a la ambigüedad, la confianza en otros, la presión de los pares, las normas sociales y la cultura también moldean lo que se elige. Lo mismo hacen factores de la situación, como la prisa o la forma en que se presenta una opción, que pueden cambiar una decisión sin cambiar las preferencias de fondo.