Cómo funciona
Una emoción es algo que se siente por dentro, con bastante fuerza, como respuesta a algo que acaba de pasar. Lo que la dispara suele venir de fuera, como una noticia o un encuentro, aunque también basta un pensamiento.
Una emoción llega con varias cosas a la vez. El cuerpo cambia, y por eso antes de un examen el corazón late más deprisa y sudan las manos. La cara, la voz y los gestos la enseñan a los demás. Y hay un juicio rápido sobre cómo afecta lo que está pasando, la valoración.
Esa valoración explica que dos personas sientan cosas distintas ante lo mismo. En ella pesan la experiencia de cada una, su historia y su cultura. Un perro grande que se acerca corriendo alegra a quien creció con perros y asusta a quien recibió un mordisco de pequeño.
Siete emociones tienen una cara propia. Esa cara se pone y se reconoce igual en cualquier cultura, y por eso se las llama universales. Son la alegría, la tristeza, el miedo, la ira, el asco, la sorpresa y el desprecio.
La alegría llega al ver un aprobado que se daba por perdido, y la tristeza al despedir a una amiga que se muda de ciudad. El miedo aparece cuando falla el freno de la bici cuesta abajo. La ira, cuando alguien se cuela en la fila.
El asco salta al abrir un táper olvidado un mes en la nevera. La sorpresa llega con una fiesta que nadie había anunciado. El desprecio es lo que se siente ante quien hace trampas y encima presume de ello.
Una emoción se nota aunque no se vea la cara. A una amiga abatida se la reconoce de espaldas, por cómo camina y por los hombros caídos. La postura y los movimientos forman el lenguaje corporal, que las personas leen muy bien en los demás sin darse cuenta de que lo hacen. La voz y lo que alguien hace también la delatan.
Una emoción no es lo mismo que un estado de ánimo. La emoción se parece a un chaparrón, que cae fuerte, se nota y viene de una nube concreta. El estado de ánimo se parece a un día gris, más largo y más flojo, sin un suceso que lo explique. Levantarse de mal humor sin saber por qué es un estado de ánimo.
En el cerebro, las emociones se procesan en un grupo de zonas que también se ocupa de los recuerdos, el sistema límbico. El olfato es el único sentido conectado directamente con él. Por eso el olor de un guiso de la infancia despierta una emoción con más facilidad que una foto.
Dentro de ese grupo hay una zona con forma de almendra, la amígdala, que es la pieza principal del miedo. La señal de peligro le llega por dos caminos. Uno es directo y rápido, y el otro da un rodeo y trae más detalle.