Fondo · Antigüedad
Plinio y la estrella de mar que quemaba: una duda escrita en una enciclopedia antigua
En la Naturalis historia, entre peces que se vengan y mariscos que brillan, Plinio el Viejo se detiene ante un rumor sobre la estrella de mar. Deja escrito que no sabe qué prueba lo sostiene y que prefiere lo que confirma la experiencia diaria.
Un pez guía a los demás hacia la red. Es el Anthias, el «capitán» del banco. Un pescador lo captura por rencor. Otro lo reconoce en el mercado, lo demanda por el daño y gana el pleito. Muciano, autoridad a la que Plinio recurre, añade el importe de la multa.
La Naturalis historia, en treinta y siete libros, está llena de escenas así. Cuando un Anthias queda atrapado en un anzuelo, sus compañeros cortan el sedal con las espinas aserradas del lomo, y el que cuelga lo tensa para que se rompa antes. El Sargus, al notarse cogido, frota la línea contra una roca.
Hay odios y alianzas. El Mugil y el Lupus se arrancan las colas a mordiscos, igual que el Conger y la Muraena. La Locusta teme tanto al Polypus que muere en cuanto lo ve cerca. Según Nigidius, el Lupus muerde la cola del Mullet, aunque en ciertos meses son buenos amigos, y los peces siguen vivos sin ella. La Balaena, con los ojos tapados por el peso de sus cejas, tiene un lazarillo: el Musculus nada delante y le señala los bajíos donde su cuerpo podría encallar.
Otras descripciones parten de algo que cualquiera podía ver en la mesa. Los Dactyli, unos mariscos, brillan en la oscuridad. Cuanta más humedad tienen, más luz dan: relucen en la boca de quien los mastica, en las manos, en el suelo y en la ropa donde cae una gota. Los editores ingleses del siglo XIX los identificaron con Pholas dactylus, en la nomenclatura de Linneo.
El hecho: una propiedad sin prueba
En el pasaje sobre la estrella de mar, Plinio empieza por lo que se ve. Es un animal pequeño, carnoso por dentro y de sustancia más dura por fuera.
Después recoge lo que se cuenta. La estrella de mar sería tan ardiente que quemaría todo lo que toca en el mar y digeriría al instante cuanto come.
Ahí se detiene. «No sabría decir qué prueba hay de esto», escribe, y añade que le parece más digno de registro aquello que confirma la experiencia diaria.
En un solo párrafo quedan separadas dos cosas: la forma del animal, que se puede tocar, y una propiedad que solo corre de boca en boca.
Por qué importa
Una obra que recopila lo que otros dicen puede acabar dando a todo el mismo peso. En este punto Plinio no lo hace. Marca una afirmación como carente de prueba demostrable y propone medirla con lo que se contrasta a diario.
Eso cambia la manera de leer la obra. No todo lo que relata se presenta como hecho comprobado, y es el propio autor quien lo advierte. Los peces vengativos y el cetáceo con lazarillo conviven con el brillo de los Dactyli, que cualquier comensal podía observar.
El alcance de la obra es amplio. El libro XI, dedicado a los insectos, arranca con su constitución delicada y con la pregunta de si respiran y tienen sangre. Su índice compara qué animales tienen el corazón más grande, cuáles el más pequeño y cuáles dos. Dedica además un apartado a los gusanos y las crisálidas de la seda y a la mujer que hizo el primer vestido de seda.
Lo que queda abierto
Queda por ver cómo responde Plinio, en el desarrollo del libro XI, a las preguntas que él mismo plantea sobre los insectos: si respiran, si tienen sangre y qué criterio aplica para atribuir dos corazones a ciertos animales.
Lecturas
- Historia natural libros i-ii. Plinio el Viejo. Gredos. ISBN 9788424916855.
Cifras
- Multa impuesta al pescador que capturó por rencor al Anthias que guiaba a los demás: diez libras, según Muciano [1].
Referencias
- Plinio el Viejo (Cayo Plinio Segundo). Pliny's Natural history. In thirty-seven books. Traducción inglesa con notas editoriales del Wernerian Club.
- Plinio el Viejo (Cayo Plinio Segundo). Die Natugeschichte des Cajus Plinius Secundus : ins Deutsche übersetzt und mit Anmerkungen versehen. Traducción alemana con notas.