En una frase
Una célula madre está presente en todos los organismos pluricelulares. Se divide, produce copias de sí misma y se transforma en células especializadas: músculo, hueso, sangre [1].
Cómo funciona
Todo empieza con una división. La célula madre se parte en dos mediante mitosis, el proceso por el que una célula se divide en dos células hijas. Pero reparte distinto. En la división asimétrica, una hija conserva las propiedades de la original y la otra gana la capacidad de diferenciarse, de especializarse en un tipo de célula concreto [1].
La primera mantiene la reserva: es la autorrenovación. La segunda emprende el camino hacia una función.
No todas llegan igual de lejos. Se clasifican por su potencia, el número de tipos de célula distintos en que pueden convertirse, y hay seis tipos [1]. De mayor a menor alcance:
- Totipotentes. Forman todos los tipos celulares y pueden crecer hasta un organismo completo. El ejemplo es el cigoto, la célula que surge cuando un espermatozoide fecunda un óvulo [1].
- Pluripotentes. No forman un organismo completo, pero sí cualquier célula de las tres capas del embrión: ectodermo, mesodermo y endodermo [1].
- Multipotentes. Solo generan células de su propia capa embrionaria de origen [1].
- Oligopotentes. Se diferencian en pocos tipos de célula: las madre linfoides o mieloides son ejemplo [1].
- Unipotentes. También llamadas progenitoras. Dan un solo tipo de célula [1].
Las más versátiles aparecen al principio de la vida. Hacia los 4 o 5 días tras la fecundación, el embrión es un blastocisto: una capa externa, el trofoblasto, de unas 70 células, y dentro una masa celular interna de unas 30. Esas 30 son las células madre embrionarias, y son pluripotentes [1].
Pero el adulto también las tiene. En humanos se conocen unos 20 tipos distintos de células madre adultas [1]. Hay otras fuentes: el cordón umbilical, del que se aísla una población multipotente capaz de dar células sanguíneas e inmunitarias, y el líquido amniótico, con células que originan elementos de las tres capas embrionarias [1].
Para qué sirven fuera del cuerpo. Las células madre embrionarias, las adultas y las inducidas en laboratorio alimentan la bioimpresión, porque generan tejido funcional adaptado a cada paciente [3]. El camino tiene obstáculos: dotar al tejido impreso de vasos sanguíneos y fabricarlo a gran escala siguen frenando su llegada a la clínica [3]. Las células reprogramadas a partir de un adulto, además, no provocan rechazo inmunitario. Eso abre la puerta a fármacos pensados para un paciente concreto [1].