Cómo funciona
Un virus es muy simple por dentro. Lleva unas instrucciones para fabricar más virus, su material genético, y alrededor una cáscara de proteína llamada cápside. Las instrucciones están escritas en una de dos sustancias, el ADN o el ARN. La partícula suelta y ya montada, fuera de cualquier célula, se llama virión.
Las instrucciones son pocas. El virus solo lleva las que la célula no tiene, y todo lo demás lo pone la célula.
Un virión se parece a unos planos guardados en un estuche. Los planos explican cómo construir más estuches con planos, pero no traen herramientas ni materiales. Tienen que llegar a un taller que sí los tenga. Ese taller es una célula viva, a la que se llama célula huésped.
Por su cuenta, un virus no crece ni se divide. Tampoco tiene reacciones químicas propias con las que obtener energía, y no está hecho de células. Por eso no se considera un ser vivo y no figura en ninguno de los grandes grupos en que se clasifican los organismos.
La entrada empieza en la superficie de la célula. Cada virus solo se pega a las células que tienen por fuera una molécula concreta, el receptor. Las proteínas de la cubierta del virus encajan en ella. La célula no fabrica esa molécula para el virus, sino que la usa en sus propias tareas. Por eso cada virus infecta solo a unas pocas especies y a ciertos tipos de célula.
Después el material genético pasa al interior. En los animales y las plantas, la célula puede tragarse el virus entero. Una vez dentro, la cáscara se deshace. Los virus que infectan bacterias hacen otra cosa. Inyectan su material genético y dejan la cáscara fuera. En los dos casos, los planos quedan sueltos dentro del taller.
A partir de ese momento la célula trabaja para el virus. Con las mismas herramientas con que fabrica sus propias piezas, lee las instrucciones recién llegadas. Hace muchas copias del material genético y fabrica las proteínas del virus.
Las piezas se fabrican por separado y luego se juntan. Las cáscaras se montan alrededor de las copias del material genético y así aparecen viriones nuevos. Ninguno ha crecido ni se ha partido en dos. Los viriones salen de la célula y pueden infectar a las células vecinas.
La célula que hace de taller puede salir dañada. La infección puede cambiar su química y su estructura, y con ellas su funcionamiento. Lo que se nota en el cuerpo durante una infección procede de ese daño y de la respuesta de las defensas contra el virus.