Fondo · Antigüedad

Sorano de Éfeso separó la falta de regla de la enfermedad

En su tratado sobre las enfermedades de las mujeres, escrito a finales del siglo I o comienzos del II, Sorano ordena las causas de la ausencia de menstruación. Fija un criterio clínico: lo natural no se trata.

Una cantante que no menstrúa no está enferma. Sorano de Éfeso lo explica con una economía de la sangre: los ejercicios de la voz gastan la sangre destinada a la regla y, al final del mes, no queda nada para ella [1].

La frase viene de un tratado de ginecología escrito en griego hacia el cambio del siglo I al II. Se conserva en una traducción latina antigua [2] y en el resumen que hizo de él Moschion en el siglo VI; una traducción francesa anotada reúne el tratado original y ese resumen [1].

Hecho

Dos silencios distintos

Sorano separa dos cuadros desde el inicio. Si la regla no aparece en absoluto, la sangre no se produce. Si sale gota a gota y con dolor, la sangre se produce pero algo le impide salir. Dos problemas, dos causas [1].

Luego hace inventario. Hay ausencias que no son enfermedad: la de la niña y la de la anciana, la del embarazo, la de algunas mujeres estériles de complexión varonil, la de las cantantes [1].

Otras sí lo son. En el propio útero pesan la atresia, las callosidades, el escirro, la inflamación, la cicatriz de una úlcera antigua que cierra el orificio, la flexión del órgano. En el cuerpo entero, la mala nutrición, la caquexia, la obesidad, las fiebres, las enfermedades largas, las hemorroides, los vómitos de sangre, las hemorragias nasales [1].

Y describe lo que acompaña a la retención: zumbidos de oídos, trastornos de la vista, pesadez y dolor de cabeza, rubor en la cara, tensión de los vasos de la nuca, dolor en la raíz de los ojos, estreñimiento [1].

Tratar solo lo que enferma

De esa clasificación sale la regla terapéutica. Quien no menstrúa por la edad o por su naturaleza no debe recibir tratamiento médico: no sufre, y cambiar su naturaleza es difícil o peligroso [1].

Hay una excepción. La decide la paciente. Si la cantante o la mujer de ejercicio violento quiere concebir, Sorano aconseja un régimen más suave y dejar los ejercicios que fatigan [1].

Para la retención por obstrucción prescribe cirugía: incidir el himen o extirpar las carúnculas que estorban el flujo. Para las oclusiones por callosidades o inflamación, emolientes, relajantes y el tratamiento que llama metasincrítico, pensado para renovar las propiedades del cuerpo [1].

La nodriza y la leche

La versión latina dedica páginas al recién nacido. Desaconseja la leche de la madre recién parida: la juzga mala, grasa e indigesta, mezclada con el esfuerzo del parto y la purgación. Prefiere la de una nodriza [2].

La buena leche tiene un blanco moderado y, puesta sobre la uña, se extiende con suavidad. La nodriza ideal es joven, ha parido ya dos veces, tiene buen color, pecho ancho, carácter prudente y cariño al niño; a ser posible, griega y limpia [2].

Su vida también se regula: ejercicio, sobre todo de brazos y parte alta del cuerpo; baño o unción; comida suficiente; nada de embriaguez ni indigestiones; abstinencia sexual, que según el texto extingue la leche. Los primeros días, alimentos simples y agua, para que la leche no baje demasiado densa por la garganta estrecha del recién nacido [2].

Para explicar por qué el niño tolera mal el vino de la nodriza, aunque la madre lo bebiera durante el embarazo, recurre a un esqueje: unido al árbol aguanta tormentas; separado, sufre con una brisa [2].

Por qué importa

El texto convierte la falta de regla en un diagnóstico con dos ramas. Antes de tratar hay que saber si la ausencia es enfermedad o naturaleza, y si la sangre no se forma o no puede salir. Solo la rama patológica pide remedio [1].

El mismo criterio aparece frente a la tradición. Sorano recoge remedios antiguos para aumentar la leche, como comer ubres de animales o beber con vino ceniza de murciélago o de lechuza, y los rechaza todos. Si la leche falta por una enfermedad, se cura la enfermedad. Si la nodriza está agotada, se la repone con ejercicio, masajes, baños, buena comida y lo que le devuelva el ánimo [2].

Laguna

Queda por ver qué frases del tratado sobre la menstruación son de Sorano y cuáles intercaló Moschion al resumirlo en el siglo VI. Y cómo seguía el tratamiento de la ausencia de regla debida a causas generales del cuerpo.

Referencias

  1. Sorano de Éfeso, Moschion, trad. Fr. Jos. Herrgott. Soranus d'Ephèse. Traité des maladies des femmes (fin du Ier siècle, commencement du IIe) et Moschion son abréviateur et traducteur (VIe siècle) traduits et annotés par le dr. Fr. Jos. Herrgott. Internet Archive.
  2. Sorano de Éfeso, ed. V. Rose. Gynaeciorum vetus translatio latina. Internet Archive.

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