Medicina antigua · Fondo
Areteo de Capadocia: cuánto, cuándo y cuándo no ante una hemorragia
Harina de cebada mojada en vino sobre el pecho. Jugo de cilantro con vinagre, medido en cíatos. Tierra de Lemnos, pesada en dracmas. El tratado de Areteo sobre el flujo de sangre fija cantidades y horarios, y también señala cuándo conviene no intervenir.
Un enfermo sangra. El médico tiene delante una lista de remedios. La pregunta práctica no es solo qué darle, sino cuánto, a qué hora, y en qué momento conviene no hacer nada.
Areteo de Capadocia escribió en griego jónico, un dialecto tan particular que una de sus ediciones antiguas le dedica un tratado entero [2]. En las páginas sobre el tratamiento de la hemorragia, esas tres preguntas (cuánto, cuándo, cuándo no) reciben respuesta con número [1].
El hecho: una terapéutica con medida
El pasaje sobre el flujo de sangre arranca por fuera del cuerpo. Sobre el pecho se aplica harina de cebada humedecida en vino o vinagre, o harina fina de lenteja seca, cernida y mezclada con cerato o ungüento de rosas [1].
Luego vienen los remedios que se beben. Aquí aparece un orden: tres clases, según cómo actúan sobre el flujo. La primera busca cerrar los pasos por donde sale la sangre, contrayendo o comprimiendo los vasos [1].
Entre ellos figura el jugo de cilantro con vinagre, acompañado de cuajo de liebre, de cierva o de cabrito, siempre en poca cantidad. Para el flujo por erosión, las proporciones se fijan con precisión: el jugo se rebaja en oxícrato, una mezcla de vinagre y agua; el cuajo se pesa en óbolos. También se usan tierras y sellos minerales de Samos, Eretria, Sinope o Lemnos, disueltos en decocciones de dátiles, algarrobas o raíces de zarza [1].
El almidón disuelto en esas preparaciones recibe una mención aparte. Según el texto, lubrica la tráquea y a la vez la aglutina [1].
El horario depende de la gravedad. El remedio se da una vez al día, antes de comer; si el caso apremia, una segunda y una tercera vez por la tarde [1].
Y hay un límite. Con fiebre, el flujo no debe cortarse de golpe ni deben darse medicinas durante los paroxismos, porque, escribe Areteo, muchos mueren antes de las fiebres que de la sangre perdida [1].
La comida completa el tratamiento. Debe ser astringente y refrigerante, de efecto y también al tacto, porque el calor favorece el sangrado. Para espesar la sangre y el pneuma se da leche, unas veces con almidón y otras con espelta granulada, el chondrus [1].
Por qué importa
La edición latina de Johannes Wigan acompaña el texto con disertaciones que leen a Areteo como un médico sin escuela fija. Unas veces se acerca a Hipócrates, otras a Erasístrato, otras a Herófilo, y entre unos y otros intercala libremente su propia opinión [2].
Esa mezcla se aprecia en los ejemplos del comentario. Siguiendo a Hipócrates, Areteo manda provocar el vómito tanto en las enfermedades agudas como en las crónicas, y considera el eléboro blanco el evacuante más fuerte de todos, con más cuidado en la dosis para los débiles. También recurre a la purga en muchas enfermedades crónicas, para sacar humores o para desviarlos [2].
El comentario atribuye también a la obra una lectura anatómica de la parálisis. Los nervios, cerca de su origen, se cruzan en forma de X griega hacia el lado opuesto, y así se explica que la lesión de un lado paralice el otro. En el mismo terreno, Areteo considera el tétanos la enfermedad propia de los nervios y la artritis una afección de todos ellos [2].
Todo esto llega a través del comentarista, que mezcla cita literal e interpretación. Las dosis contra la hemorragia, en cambio, pueden leerse en el texto traducido del propio Areteo [1].
Lo que queda abierto
Queda por ver en qué observaciones se apoyaban estas dosis. El tratado no cuenta pacientes ni explica cómo se comprobaba que medio cíato de cilantro o tres óbolos de cuajo detenían una hemorragia; las cantidades descansan en la autoridad del autor.
Lecturas
- Aretaiou Kappadokou Ta sozomena = The extant works of Aretaeus, the Cappadocian. Edición digitalizada en Internet Archive, de dominio público.
- De causis et signis acutorum et diuturnorum morborum, libri quatuor. De curatione acutorum et diuturnorum morborum, libri quatuor. Cum mss. duobus, Harleyano, & Vaticano, contulit; novamque versionem dedit, Johannes Wigan... Accedit, praefatio: dissertationes in Aretaeum: variae lectiones: tractatus de Ionicâ Aretaei dialecto: quodque difficiliores hujus authoris voces exponit, lexicon. Edición digitalizada en Internet Archive, de dominio público.
Cifras
- Jugo de cilantro: no menos de medio cíato por cada tres de oxícrato [1].
- Cuajo: tres óbolos, como máximo cuatro [1].
- Tierras y sellos minerales: una dracma, como máximo tres, con decocción de dátiles, algarrobas o raíces de zarza [1].
- Frecuencia: una vez al día antes de la comida; si urge, hasta tres veces [1].
- Eléboro con miel para los más débiles: dos o tres cucharadas [2].
Referencias
- Aretaeus. Aretaiou Kappadokou Ta sozomena = The extant works of Aretaeus, the Cappadocian. Internet Archive.Dominio público
- Aretaeus, Johannes Wigan (ed.). De causis et signis acutorum et diuturnorum morborum, libri quatuor. De curatione acutorum et diuturnorum morborum, libri quatuor. Cum mss. duobus, Harleyano, & Vaticano, contulit; novamque versionem dedit, Johannes Wigan.. Accedit, praefatio: dissertationes in Aretaeum: variae lectiones: tractatus de Ionicâ Aretaei dialecto: quodque difficiliores hujus authoris voces exponit, lexicon. Internet Archive.Dominio público