Cómo funciona
«Trófica» se refiere a la alimentación, así que una cadena trófica recoge quién come a quién. Una fila de gente que se pasa agua desde un pozo funciona igual. El pozo es la luz del sol y el agua es la energía. Cada entrega de mano a mano es una flecha de la cadena: sale del que es comido y llega al que come.
Al principio de la fila están los únicos que pueden sacar agua del pozo. Son los productores, seres que fabrican su propio alimento. Los de esta fila, como las plantas y las algas, usan la luz del sol, agua y un gas del aire, el dióxido de carbono, además de otras sustancias del entorno. Ese proceso se llama fotosíntesis. En un arrecife rocoso del Pacífico, ese papel lo hacen las algas.
Los demás no llegan al pozo y dependen de lo que les pasan. Son los consumidores, seres que no fabrican su comida y la obtienen de otros seres. Quien come solo plantas o algas es herbívoro; quien come solo animales, carnívoro; y quien come de las dos cosas, omnívoro. Cada puesto de la fila es un nivel trófico: quien se come a un productor ocupa un puesto más arriba, y quien se come a este, otro más. En ese arrecife, los erizos de mar comen algas, y una gran estrella de mar cazadora come erizos. El erizo, primero en comer tras el alga, es un consumidor primario; la estrella, que come a ese herbívoro, es un consumidor secundario. En tierra pasa lo mismo: la cebra come hierba y el león come cebras.
En cada entrega se derrama agua. Cada persona bebe algo y salpica por el camino, así que a la mano siguiente llega más o menos una décima parte. Con la energía ocurre igual: parte de lo que come cada ser ni se digiere ni se absorbe, y mucha otra la gasta en dar calor y en moverse. Por eso la fila no puede alargarse sin fin.
Arriba del todo quedan los grandes cazadores, como lobos o tiburones, los últimos consumidores de la fila. Si se apilan los niveles según la energía de cada uno, sale una pirámide: ancha abajo, con los productores, y estrecha arriba. Por eso suele haber más productores que herbívoros, y menos cazadores que presas.
Las filas reales tampoco van en línea recta. Muchos animales comen más de un alimento, y de un mismo productor pueden vivir muchos consumidores, así que varias filas se cruzan y forman una red trófica. Un omnívoro, como una persona que come verdura y carne, ocupa a la vez puestos de distintos niveles, y su puesto se estima mirando toda la red.
La energía no da la vuelta: entra con la luz, avanza en un solo sentido y acaba saliendo como calor. La materia, en cambio, sí vuelve. Los nutrientes, las sustancias que los productores necesitan además de la luz, se gastan, y alguien tiene que devolverlos. Esos son los descomponedores, sobre todo bacterias y hongos, que viven de lo muerto y reducen los restos a nutrientes.
Antes, algunos animales que comen restos los trocean y les facilitan el trabajo. En el mar lo hacen los cangrejos; en el suelo, los milpiés y los caracoles con la hojarasca, las hojas caídas. Los animales empiezan y los microbios terminan.